Quiero decirte tantas cosas... quisiera que pudieras leer mi mente por solo un momento, que sintieras todo lo que yo siento.
Te escribo y borro todo de una vez, porque quiero negarme a mí misma que esto me hace mal, quiero decirme que esto me hace fuerte (y es así) y que solo debo enfocarme en eso. He dejado de llorar, aunque siento que si no mantengo ocupada mi cabeza, es lo primero que haré.
No hay forma alguna que comprendas esta desesperación... esta sed.
No te podes hacer a la idea de cómo quiero tus labios y cuánto deseo tus brazos envolviéndome, siempre siendo mi lugar seguro, de paz.
Ahora siento que ya no sos vos, porque el vos de antes estaba enamorado de mí. Solo conocí a esa versión.
Me cuesta adaptarme al nuevo vos, quizás al verdadero vos, el que es igual que todos los demás: el que ve en mí una amiga, un apoyo incondicional... el que no me ve como algo maravilloso... el que simplemente no me ve.
Porque ya no lo haces.
Ya no me ves.
Puedo decirlo: antes, lograba ver esas chispas o esos brillitos que la gente siempre dice que tenemos cuando estamos enamorados de alguien, tenías esa mirada especial cuando me veías.
Me sostenías con dulzura, con delicadeza y con amor.
Soy feliz sabiendo que soy tu amiga, pero me duele saber que, aunque te lo sigas negando, ya no soy tu compañera, ya no soy aquella de la que estabas ciegamente enamorado.
Y es ahora cuando lo veo, porque yo siento como haces que me desenamore de vos, poco a poco.
Te alejaste de mí y trato de recuperarte, pero no querés ser recuperado. Y entonces entiendo que hay poco o nada que hacer, pierdo el encanto, no se va el amor por vos, aunque sí el enamoramiento.
Y eso es algo que no quiero.
Quiero estar con alguien sobre quien me sienta apasionada, alguien que se sienta igual por mí.
No sé cuanto tiempo más va a pasar.
No sé qué va a pasar.
Te quiero de vuelta, NOS quiero de vuelta. Pero eso ya parece algo lejano.
No podemos ser los de antes y me dejaste preparada para partir.
Se va al carajo todo.
Y solo me queda esperar.