martes, 17 de mayo de 2022

Tu Canción

 Hola de nuevo, querido amigo. 

Tengo dos años de no escribir aquí. Tengo, lastimosamente, menos tiempo desde la última vez que te pensé.

Hoy de nuevo escuché tu canción, que tanto escuchabas todos los días, que eternamente me trae tu recuerdo. 

Fui feliz, porque te recordé con cariño, sin rencores y sin añoranzas. Al fin me libre de tu fantasma.


Al fin volví a mi, aunque la verdad no es cierto. 

No se puede volver a alguien que fuiste, así como no podés volver con la misma persona con quien alguna vez estuviste. 

Ninguna persona permanece igual. Todos cambiamos, nos guste o no.

Pero de nuevo, siento que volví a mi.

Me rescaté.


Me dejaste quebrada y la vida me terminó haciendo trocitos con un par de cargas más.

Me tomó ver mi vida en juego para poder actuar.

Me costó mi vida el poder volver a mí.

Pero de nuevo soy feliz, soy aún más feliz que antes, porque te tuve y te sobreviví.

Y no solo a vos, que incluso pudiste ser solo un síntoma, si no a muchas otras personas. 

Les he dejado, me han dejado, pero les sobreviví.


No me malentendás, de ninguna manera quiere decir que ya no te recuerdo.

Al contrario, tal como con los demás, hoy te recuerdo con felicidad y con gratitud.

Agradezco que hayas llegado a enseñarme lo que tuve que aprender. 

Honro nuestro tiempo juntos y también agradezco tu partida.


Espero que tal como tú dejaste algo bueno en mi,

yo haya podido dejar una semilla de cambio en vos. 

No creo que la vida nos reencuentre y ya no lo espero,

pero si un día sucede, espero ver que tu vida mejoró y que ahora has crecido y sos feliz. 

Hice esto el 7 de Julio de 2020 a las 2:28 AM

Mi pecho está pesado. Inundado.
Lleno de ansiedad.
Con el tiempo he aprendido a reconocer cada vez que esa ansiedad me llena el pecho, el alma.


Cinco meses después y le sigo pensando.
No sé si aún lo amo, porque no podés amar en quien no confias.
Pero sin dudas aún lo quiero. Todavía lo pienso, a diario.
Pienso en su piel, en sus ojos (más infinitos que los de aquella del poema 20 de Neruda).
Recuerdo diariamente su tacto, la calma que me traía dormir a su lado, la tranquilidad que me brindaba su tacto.
Ni hablar de la lujuria.

Unos dicen que no es a él a quien extraño, si no a misma. Dicen que extraño verme llena de locura, que extraño estallar de felicidad (de nuevo, también de lujuria), que extraño verme como un ente de sensualidad, que me hace falta verme llena de valentía.
Quizás tengan razón, pero esa persona sigue en mi.
Es hasta estos últimos tiempos que he logrado maravillarme conmigo misma.
Me he demostrado mi fortaleza, mi resiliencia, mi tolerancia, mi voluntad de servir a otros, mi pasión, mi compromiso y mi capacisad de actuar aún cuando los demás se apagan.

Pero hay momentos donde sigue siendo difícil.
Son segundos, minutos, horas, días y a veces se vuelven semanas.
Entonces vuelvo a odiarme por ser débil, por quererlo aún cuando sé que el no me ama, por detenerme siquiera a contemplar la idea de buscarlo, de esperarlo.

Pero esta es la vida real. Jamás voy a volver a verlo y aún, escribir esto se me hace difícil. En algún lugar escuché que la esperanza trae la miseria eterna. En este caso es así.
Mi amor por él fue tan ciego, que una parte mía sigue creyendo que nos volveremos a encontrar. Aún cuando mi yo realista y pragmático sabe que eso es imposible. Aún así, una parte mía sigue teniendo esperanza de que un día va a volver a mi.

Quiero soltar, pero no puedo. Y a la vez , ya no puedo llevar esta carga.
Cinco meses y aún lloro. Cinco meses y aún siento un nudo en mi garganta. Cinco meses y aún somatizo con ansiedad en el pecho. Cinco meses y aún me siento sola. No porque de verdad lo esté, sino porque aún duele su ausencia.

Desesperadamente, quiero volver a tenerme. Necesito tenerme de regreso. Necesito volver a mí. Volver a regodearme en mi soledad, reaprender a amarla.