martes, 28 de julio de 2015
lunes, 27 de julio de 2015
Excepción
En medio de este caos que hay allá afuera,
en medio de este caos en el que me encuentro,
en medio de este caos que soy
encuentro la plenitud de tu tranquilidad,
ojos color miel.
ojos color miel.
La ficción sí copia a la realidad
¿Han leído a Edgar Allan Poe?
Se los recomiendo.
¿Han visto alguna película de Quentin Tarantino?
También se los recomiendo.
Se los recomiendo.
¿Han visto alguna película de Quentin Tarantino?
También se los recomiendo.
Si ya han realizado alguna de esas cosas, sabrán que en el primer caso, el escritor suele añadir cierto suspenso y trata de introducir cierta sensación de miedo al lector. Por otro lado, el famoso director de cine suele mostrar en demasía formas creativas para matar personas.
¿Y qué tiene que ver una cosa con la otra dirán?
Se dice en ocasiones que la fantasía imita a la realidad, que a veces no es más que una leve hipérbole de esta.
Bueno, mi pequeño país sería el paraíso de la inspiración para Poe y Tarantino.
Aquí no solo se conforman con asesinar a más de 10 personas diariamente (según cifras oficiales), sino que se encargan de que sea de la manera más tortuosa, humillante y pública posible. La víctima se podría considerar afortunada si la matan de un disparo único y limpio y dejan su cadáver completo cerca de la civilización.
Lo más común es que lo tiren a un barranco, o que existan diversos golpes o heridas hechas con armas cortopunzantes en las víctimas. Si son mujeres lo más probable es que antes de todo eso hayan sido violadas.
Recuerdo la primera vez que leí El Diario de Ana Frank. No podía terminar de asimilar como lo que Ana narraba era verdad. Parecía una fantasía. Recuerdo que tuve una sensación más sombría cuando aprendí sobre la noche de los cuchillos largos, o la noche de los cristales rotos, o la matanza de Tlatelolco. Todo me parecía casi irreal.
Ni hablar de cuando leía sobre los cementerios clandestinos. El imaginar como despedazan a esas personas y entierran sus partes en lugares distantes para mí, sigue siendo terrorífico.
Mi país es terrorífico.
Salimos a las calles con la paranoia en el cuerpo y en la mente, solo para volver a casa y vivir esa misma paranoia dentro de cuatro paredes.
No sé cuándo ni cómo va a terminar todos los malos sucesos que le pasan a El Salvador.
Lo único que sé, es que cuando quieran una película o un libro de terror, bien podrían leer alguna que otra noticia sobre el pulgarcito de América y les prometo que tendrá el mismo efecto.
La fantasiosa realidad
Mi país.
Esos 20, 742 km2² que son mi único y especial país.
Con sus habitantes y la poca naturaleza que han dejado sobrevivir.
Esos 20, 742 km2² que son mi único y especial país.
Con sus habitantes y la poca naturaleza que han dejado sobrevivir.
Todos los días a lo largo de mi vida he escuchado a tantas personas quejarse del gobierno de mi país.Y no voy a negar que todos estamos en nuestro libre derecho de hacerlo, pero realmente, son tan pocas las personas que he visto hacer algo de verdad por este país. Así eso signifique ceder el paso a los peatones y no arrojar la basura en la calle.
Carecemos de instituciones: sean ministerios, la policía o cualquier otra "institución" que se les ocurra, aquí no existe. Es solo un constante responder ante la persona que sea que este a cargo y la espera por la siguiente.
Carecemos de educación: sí, estudiantes de bachillerato a los que ni siquiera se les brinda una mínima educación sexual (tanto en colegios privados como en instituciones públicas), estudiantes universitarios que son incapaces de analizar su realidad desde algo que no sea el punto de vista que los medios de comunicación quieren que tenga, un sistema educativo que alaba la obediencia y condena el cuestionamiento y la curiosidad.
Carecemos de pasión y amor por algo: a los artistas nos llaman locos por preferir vivir de lo que amamos a trabajar por mucho dinero en algo que no nos gusta, preferimos quejarnos en lugar de iniciar un pequeño cambio nosotros mismos.
Me duele en el alma lo que le pasa a mi paisito. Me duelen las muertes diarias. Me duele que a otros les duela más la muerte de un perro que la de un humano (no porque el perro valga menos, sino porque eso habla de cómo obedecemos a quedarnos callados ante tanta violencia), también me duele cuando "solo porque sí" nuestros niños aprenden a maltratar a los animales. Me entristece que nuestro sistema de transporte público haga que las personas se paren mientras el autobús sigue en movimiento y me enfurece que no exista ni un pequeño grado de organización civil que haga que los pasajeros se queden en su lugar hasta que el bus pare (como se debe) y todos puedan bajar en orden, no empujándose unos a otros.
Me duele que todo sea culpa del gobierno. Que la generación de mis padres culpe al conflicto armado y a todo lo que sufrieron.
Sí, mucho hubo y mucho hay de ambas cosas. Pero con seguir quejándonos no vamos a llegar a nada.
Es hora de actuar, de proponer.
Es hora de apasionarnos por mejorar nuestra tierra, de la forma en la que podamos.
El cambio más próximo que podemos hacer es el de nosotros mismos: siendo puntuales, siendo honestos, procurando desalentar toda forma de violencia, siendo pacientes, siendo considerados con los demás, siendo ordenados y limpios.
¿No creen que un gobierno que tenga ciudadanos honestos, responsables, considerados... humanos, tendría que reaccionar? O mejor dicho, no "tendría que reaccionar", simplemente el pueblo lo haría reaccionar.
Tenemos pandilleros. Antes tuvimos militares y guerrilleros. Y mucho antes hubo dictadura. Y aún antes, feudalismo. Y muchísimo antes de eso hubo una conquista.
Y aún con todos esos años de historia tras nosotros, decidimos quedarnos callados.
Decidimos seguir con el patrón que nos impusieron desde la conquista: quedarse calladitos, preocuparse por uno mismo y obedecer.
Ya es tiempo de romper esos esquemas.
Y hago un especial llamado a los jóvenes, a mi generación:
DESPERTEMOS.
Sí, quizás las generaciones anteriores no nos dejaron un mundo perfecto, pero aún es posible cambiarlo. Y ahora depende de nosotros hacer algo para disfrutar lo que queda de nuestro país y para que lo disfruten las generaciones posteriores.
jueves, 23 de julio de 2015
شكر
Algunas ocasiones olvido quién soy yo.
Otras tantas veces se me olvida quién sos vos.
He podido llegar a olvidar qué hacemos aquí.
Qué hacemos juntos.
Sorprendentemente jamás tu voz.
Jamás olvido tu sonrisa ni tus ojos.
Ni tu tacto.
Quizás olvide como te necesito,
pero jamás la paz que me traes.
No sé que hice en este mundo que te merezco
(la verdad es que quizás no te merezca)
pero sí se que te necesito.
No sé cuánto lo sepas, pero te quiero.
Con mis formas raras te quiero.
Con tus formas raras te quiero.
La verdad es que somos raros y por eso nos queremos.
Pero no solo sos raro:
Sos un sol
o un ángel
o un regalo.
Aún no lo sé.
Quizás sos todo.
Por el momento, lo que sé es esto:
sos mi amor.
Reconocimientos
A veces uno se olvida de las cosas buenas que lo rodean.
A veces se olvidan de que uno es alguien bueno.
A veces uno se olvida de lo bueno que tiene en sí mismo.
A veces a uno lo olvidan.
A veces uno se olvida a sí mismo.
A veces no.
Otras veces uno se recuerda de lo bueno que lo rodea.
Otras tantas a uno le recuerdan que uno es alguien bueno.
Otras veces nos recordamos que tenemos cosas buenas dentro de nosotros.
Otras tantas, las personas nos recuerdan.
Otras veces nosotros nos recordamos quiénes somos.
Otras tantas, no.
Y es entonces que llegan esos ángeles a recordarnos quiénes somos.
Solo que a veces no son ángeles, sino demonios disfrazados.
O ángeles caídos.
Y algunos les creen a los ángeles falsos.
Y terminan olvidando quiénes son o quienes fueron.
Y se vuelven quiénes los falsos ángeles quieren que sean.
Algunos somos más afortunados.
Y encontramos ángeles verdaderos.
Y así nos recuerdan quienes somos.
Y esos ángeles nos recuerdan a nosotros.
Y nosotros los recordamos a ellos.
Y, no sé si falsos o verdaderos,
pero en el fondo todos somos ángeles.
A veces se olvidan de que uno es alguien bueno.
A veces uno se olvida de lo bueno que tiene en sí mismo.
A veces a uno lo olvidan.
A veces uno se olvida a sí mismo.
A veces no.
Otras veces uno se recuerda de lo bueno que lo rodea.
Otras tantas a uno le recuerdan que uno es alguien bueno.
Otras veces nos recordamos que tenemos cosas buenas dentro de nosotros.
Otras tantas, las personas nos recuerdan.
Otras veces nosotros nos recordamos quiénes somos.
Otras tantas, no.
Y es entonces que llegan esos ángeles a recordarnos quiénes somos.
Solo que a veces no son ángeles, sino demonios disfrazados.
O ángeles caídos.
Y algunos les creen a los ángeles falsos.
Y terminan olvidando quiénes son o quienes fueron.
Y se vuelven quiénes los falsos ángeles quieren que sean.
Algunos somos más afortunados.
Y encontramos ángeles verdaderos.
Y así nos recuerdan quienes somos.
Y esos ángeles nos recuerdan a nosotros.
Y nosotros los recordamos a ellos.
Y, no sé si falsos o verdaderos,
pero en el fondo todos somos ángeles.
De lo sobrenatural
Me sorprende como muchos pueden decir que no creen en lo mágico, en lo divino. Quizás somos pocos los que hemos abierto bien nuestros ojos, o mejor dicho, quienes hemos abierto nuestro corazón.
Puedo decir con certeza que yo sí he visto la magia, sí he visto lo divino.
¿Acaso no es mágico como el arte, sea la música, la danza, la pintura y tantas otras ramas nos generen algún tipo de sensación? Creo que pocas personas pueden decir que jamás se han conmovido con una película, o que jamás han creído que una canción describe por completo su vida, o que una imagen los ha impactado a sobremanera. En lo personal, me sigue pareciendo mágico como la música nos lleva a crear movimientos para bailar, como unas cuantas notas musicales son capaces de liberar un sin fin de movimientos corporales.
¿Me dirán que no es divina esa sensación de amar y ser amado? Sí, es un cliché; pero es cierto. Esa sensación de ver lo bueno de otra persona, de querer tanto a alguien que nadarías el océano más profundo solo porque esa persona te lo pidió o levantarte temprano para salir a correr juntos. Esa sensación de ser tan querido por el otro que sabes que esa otra persona haría exactamente lo mismo por vos. ¿No es, acaso, mágico, como podes sentirte encerrado en tu burbuja solo con la compañía del otro? ¿como te quedas con esa sonrisa boba mientras están juntos o te sabes a su lado?
Yo me considero una amante de la vida, creo que todo es un regalo: solo hay que abrir los ojos y el corazón. Las personas, el sol, la luna, los árboles, los animales, el mar, los ríos, las montañas... ¿acaso no son los regalos más importantes que tenemos?
¿Que no daría un ciego por ver el verde de los árboles en las mañanas? ¿que no daría un sordo por escuchar el canto de las aves?
¿Cómo no enamorarse del mar, de su sonido, de su espuma, de su misterio? ¿ Cómo no amar el sol o la luna? ¿Cómo no amar el verde de los bosques o de un solo árbol? ¿Cómo no admirar la belleza de una flor, por sencilla que sea? ¿Cómo no adorar esas sonrisas que hay entre las personas?
Yo creo en la magia y lo divino porque lo presencio a cada momento, les veo en esos regalos: en como el cielo, al atardecer es una sinfonía de colores tan diferentes, pero dispuestos de tal manera que resulta una delicia; en como la lluvia moja la tierra, creando uno de los aromas más exquisitos de este mundo; en como los humanos (cuando queremos) podemos ser la mejor medicina para alguien enfermo.
Que me digan dramática, ilusa, optimista o soñadora. Para mí la magia y lo divino son reales.
Si dejáramos de vivir un día sin todas esas cosas, quizás empezaríamos a ver su verdadero valor.
lunes, 13 de julio de 2015
Chispas
Cuando estás demasiado tiempo en una relación sentimental con alguien, es posible que las cosas se tornen un poco monótonas. Entre el estudio, trabajo y los problemas del día a día, a veces nos olvidamos de los buenos momentos con la otra persona. A veces podríamos fingir con nosotros mismo que esos buenos momentos nos los van a dar otra personas.
Puede o no que sea cierto.
Lo que sí sé, es que siempre es bueno romper las rutinas: hacer las cosas que hacían como cuando empezaron el noviazgo, escaparse lejos de todo el mundo, pasar un día en la playa o en el campo, ir de compras, hacer una maratón de películas o series, viajar en carro o en autobús sin rumbo, cocinar el uno para el otro, hacerse cosquillas, tener un debate energizante.
En fin, es una lista que podría no acabar, supongo que lo importante es hacer aquellas cosas que nos recuerden por qué sentimos esas chispas, porque nos encanta esa persona y no alguien más, lo importante es seguir buscando y viviendo esos segundos en los que se ven el uno al otro a los ojos y saben que ambos están pensando y sintiendo lo mismo.
Ojos que brillan
Me han preguntado qué cosas me gustan en los hombres, qué es lo primero que veo en un hombre o cómo describiría a mi hombre ideal.
Y bueno, la palabra lo dice: es un ideal.
No puedo centrarme en esa ilusa e irreal (aunque bien definida) descripción.
Lo que puedo decir, es que lo que más me llama la atención en un hombre son sus ojos.
No estoy hablando de esos ojos que catalogamos como bonitos, aquellos ojos grandes verdes, azules o grises que a varios nos encantaría tener.
Hablo de esos ojos que brillan cuando te ven, de esos ojos que recitan poesías, que bailan, esos ojos donde podes perderte por siempre, esos ojos que se dejan ver, que no se esconden.
Que me llamen loca o extraña, pero sí se han encontrado con un par de ojos así, me entenderán.
Tiendo a poner mucha atención a los ojos de las personas en general (no solo en los hombres), porque me encanta que siempre dicen algo; pero no puedo negar que hay cierto par de hombres que me han dejado perdida en su mirada. Como les repito, no porque sean unos ojos de color o unos ojos incrustados en una cara atractiva, sino porque hay algo de melancolía, de pasión, de viveza...en verdad, hay algo de su espíritu o de su alma allí, por lo que es imposible apartarles la mirada. Son esos ojos los que prefiero evitar, porque cuando los veo, son mis propios ojos los que me van a delatar: podría quedarme desorientada en esos ojos, o los míos podrían revelar mi atracción.
No juzgar un libro por su portada
"Antes de hablarte creía que te caía mal"
"Yo, antes de conocerte, te miraba tan creída y altanera"
"Pensaba que eras súper orgullosa y que me mirabas feo"
Tengo 21 años. Y al menos de los años de los que tengo consciencia, puedo decirles que esas frases (entre sus muchas variantes) me han acompañado a todas partes todo este tiempo.
"Yo, antes de conocerte, te miraba tan creída y altanera"
"Pensaba que eras súper orgullosa y que me mirabas feo"
Tengo 21 años. Y al menos de los años de los que tengo consciencia, puedo decirles que esas frases (entre sus muchas variantes) me han acompañado a todas partes todo este tiempo.
Sí, realmente soy una persona muy seria, me gusta ser formal y disciplinada (me encanta la disciplina), adoro la responsabilidad. Sin embargo, eso no quiere decir que soy altanera y orgullosa, mucho menos engreída.
Soy una persona de polos totalmente opuestos: por un lado adoro la seriedad y las agendas con horarios fijos; pero por otro, quiero huir luego de unos días de rutina, adoro la naturaleza, los viajes largos sin un destino en concreto, la luz del sol y toda cantidad de cosas hippies que se les pueda ocurrir,
También sucede que no suelo fijarme en las personas (al menos no en las que no considere importantes). Y también sucede que estamos tan acostumbrados a que se entrometan en nuestras vidas, que nos enoja cuando alguien no lo hace.
Si de algo estoy orgullosa es que no me interesa el resto de personas: ni para bien, ni para mal. Con esto no quiero decir que no deseo que haya una repartición más justa de los recursos a nivel nacional o global, ni que no me interesen las personas que mueren asesinadas a manos de la violencia en Latinoamérica, ni que no me indigne con la discriminación que sufren algunos... significa simple y sencillamente que si voy caminando por la calle y no te saludo, es porque simplemente no te vi, estaba demasiado entretenida pensando en algo más que ni siquiera sé cómo llegué al lugar en el que me encuentro.
Las personas tienden a juzgarte por no fijarte en ellas, pero nadie en ningún momento se detiene a pensar ¿será que tiene muchos problemas y por eso no vuelve a ver a nadie? ¿será que es sumamente distraída y no me ve? Como les menciono, soy una extraña combinación de polos opuestos: por un lado soy lo que llamarían una mujer clásica: adoro las perlas y las cosas sobrias, por el otro soy una niña de 10 años con alma hippie. Adoro la luz del sol, amo todo tipo de clima (y cada uno de ellos me lleva a un estado de ánimo), amo la luz de la luna, la naturaleza, los libros, las ropas flojas, creo que se necesitan más muestras de amor y de afecto en el mundo y menos armas, soy creyente de que podemos aprender un poquito de cada persona... en fin, podría considerarme una apasionada de la vida (aunque solo un par de personas sepan que lo soy).
Y ¿saben qué?
Sé que todos llevamos esas extrañas combinaciones dentro de nosotros. Solo tenemos que dejar de etiquetar y juzgar lo más obvio de los otros y darnos cuenta de esos detalles especiales que poseen, seamos una de ese par de personas que saben la extraña, bella y única pieza que es el otro.
Almas libres
Soy de esas personas que tienden a pensar todo demasiado. Es más, si una situación me agarra desprevenida, siempre encuentro la manera de pensar antes de actuar. Y está bien ser así... pero a veces quisiera ser impulsiva, desenfrenada. Admiro tanto a las personas que se dejan ir con facilidad por su ira o su agresión, porque pueden responder a lo que sienten en el momento, no se reprimen.
Siempre me encantó ser controlada, racional siempre presumí de pensar antes de actuar y es que en el fondo, soy sumamente impulsiva, y es por eso que me controlo a toda costa: nadie debería verme cuando me enfado.
Recientemente, estaba pensando que sí, a veces es bueno dejarse ir en los momentos de enfado.
Pero ¿qué sucede con el resto de momentos? Y luego empecé a cuestionarme si en verdad era "un alma libre", me cuestioné qué tanto me permitía sentir mis impulsos.
Soy artista, por lo que obviamente saco toooodoooo lo que llevo dentro por medio de mi arte, cosas que ni aquellos que me conocen más de cerca se imaginarían.
Solemos decir que alguien es impulsivo o "un alma libre" porque no piensa dos veces las cosas antes de hacerlas. Bueno, yo creo que eso es cierto solo en parte.
Sucede que, las almas libres sí piensan las cosas, pero no les importa cómo van a ser juzgados, por lo que hacen lo que quieran de todas formas y suelen hacer lo que quieren sin la necesidad de herir a diestra y siniestra a los demás (aún enfadados).
Sin embargo, también las almas libre son aquellas que están felices en su interior, son aquellas que el mundo quiere acallar solo porque sí.
Todos hemos sido almas felices en ocasiones y nos hemos dejado silenciar... y es así como dejamos de ser almas libres.
Yo he sido silenciada por ser muy feliz, por estar muy sonriente, por creer mucho en otros. por andar bailando por la vida y sin darme cuenta, me convertí no solo en un alma triste, sino también en un alma esclavizada, al servicio de la opinión de los demás. Y aún siendo lo que los demás querían, luego se quejaron de mí, por estar muy callada, por ser muy seria, por ser muy triste, por no verme feliz.
El mundo siempre va a verte mal, así que si sentís algo SACALO. Todos tenemos derecho a sentirnos tristes, enojados, asustados, sorprendidos, enamorados y felices.
Las almas libres son así: sienten. También piensan. Sí, también piensan, porque no se dedican a herir a los demás: las almas libres sacan lo que llevan dentro de sí mismos sin la necesidad de herir a otros.
Así que sintamos, lo que sea, pero sintamos. Riamos, bailemos, lloremos, gritemos, frunzamos el ceño, pensemos y sobre todo: dejemos que los demás también sean almas libres.
lunes, 6 de julio de 2015
¿Otro día que va?
Recientemente tuve el parcial final de una materia un poco difícil. Era un parcial acumulativo. Era demasiada información como para procesarla y aprenderla toda de memoria.
Lo que debía estudiar, correspondía a alrededor de 270 páginas, que requerían ser memorizadas, más mis clases y otras pequeñas lecturas.
Yo ya había pasado la materia y por lo tanto podía perfectamente no realizar mi parcial y aún así estar tranquila pues ya había pasado. La verdad es que nunca he sido una conformista, todo lo contrario: siempre me han caracterizado por ser una perfeccionista. Y siendo honesta, sé que tengo toda la capacidad para aprenderme esas páginas, pero debido a la naturaleza de la materia, lo considero contraproducente.
En esta ocasión, me rendí ante las tentaciones del mundo y decidí no estudiar (también fue parte de una pequeña protesta personal por algunas situaciones que habían sucedido con el encargado de la materia).
No obstante, me es difícil dejar mis viejos hábitos y solo me dediqué a leer el material de estudio para el parcial, el cual era más de la mitad del capítulo cinco de la CIE-10, este corresponde a una clasificación y descripción de trastornos psicológicos. Aburrida, enojada, fatigada entre otras cosas, a medida iba leyendo me quedaba triste por la gran cantidad de trastornos mentales que existen y de los que no nos damos cuenta.
Me hizo pensar que a diario nos quejamos tanto de lo que tenemos y de lo que otros desearían, tomamos todo por sentado. No nos damos cuenta de las muchas personas que desearían estar en nuestros zapatos, preparándose para realizar un examen de la carrera que escogieron, no nos fijamos en que lo más importante es que estamos sanos, que estamos vivos. ¿Qué no darían los prisioneros de guerra por estar en nuestro lugar? ¿qué no darían los jóvenes salvadoreños de las décadas de los setenta y ochenta por estudiar sin ser perseguidos por ello? ¿qué no darían los niños que se suben al bus o que están en la calle porque hubiera alguien que les pagara su educación?
No quiero decir con esto que debemos ser conformistas, pero creo que es siempre necesario mantener la visión positiva: tenemos más de lo que pensamos... o mejor dicho: tenemos más de lo que queremos ver.
sábado, 4 de julio de 2015
Incertidumbre.
Tengo 21 años de edad y a pesar de ello a veces me atrevo a considerarme sabia. Procuro adquirir un poquito de sabiduría todos los días, de quien pueda conseguirla. Creo que todos tenemos algo maravilloso que enseñarle a los demás, solo que a veces nosotros mismos no lo sabemos y a veces somos silenciados.
A lo largo de mi vida, he sido fanática de formarme criterios sobre todas las cosas, pero a medida voy creciendo entiendo que eso es imposible. He tardado en descubrir que la única cosa de la que podemos tener certeza en este mundo es que no hay certeza de nada y todo es una incertidumbre.
Entonces ¿qué hacer frente a la incertidumbre que nos plantea la vida?
Creo que la respuesta no se refiere al hacer, si no al ser.
Simplemente seamos ¿seamos qué? Seamos nosotros mismos. Puede que esta respuesta se considere genérica (y probablemente lo sea) pero a lo largo de nuestra vida es justamente eso lo que nos funciona. Simplemente ser nosotros mismos.
Siendo nosotros mismos, con nuestros criterios, con nuestras formas de entender el mundo es que enfrentamos esa incertidumbre. Ser nosotros mismos es lo que nos lleva a dejar de existir y en cambio, nos lleva a vivir, a vivir experiencias, con las cuales poquito a poquito vamos a ir aprendiendo y así, iremos desentrañando aunque sea un poco de la incertidumbre de este mundo.
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