sábado, 15 de agosto de 2015

La gente poco cuerda

Siempre me gustó la gente apasionada.
Esa gente que les ves en la mirada cuanto disfrutan lo que hacen.
Esa gente valiente que deja todo del lado: salidas, viajes, dinero y tantas cosas más, todo para perseguir sus sueños, sean los que sean.
Me fascina esa gente que cuando hace lo que ama tiene un brillito especial en sus ojos.
Esos artistas que entran en trance hasta terminar lo que hacen.
Me fascina cualquier persona que sacrifique su tiempo a fin de hacer lo que ama, porque ni siquiera cuenta como un sacrificio.
Es gente que cualquiera pensaría que es extraña, que es rara.
Y de hecho lo son.
La gente apasionada, tristemente, no es muy común estos días... y es justo lo que necesita este mundo.
Seamos nosotros, es persona apasionada por nuestros proyectos e ideales, seamos raros y extraños,
seamos ese cambio que necesita el mundo.

Bitácora: vida de bailarina (también llamada más días felices)

Despertar.
Bañarme.
Ponerme el leotardo, cambiarme y guardar el resto de mi ropa de danza en la mochila.
Desayunar.
Dar clase de danza: a pesar de que fue una clase muy técnica y poco movida, mis niñas son valientes y no se quejan en los estiramientos más dolorosos.
Esperar a mi mamá.
Almorzar en 7 minutos porque ya voy tarde para el ensayo.
Subirme al bus que me llevará al ensayo, un poco ameno viaje de 1 hora en el tráfico en un bus que viaja a unos 20 km por hora y que lleva más pasajeros de los que debería, todo eso bajo el calor que hace a las 12 del mediodia en mi lindo El Salvador,
Llegar casi dormida y agotada al ensayo.
Ver que solo una de mis amigas ya está ahí.
Cambiarme de nuevo.
Ponernos al día.
Calentar y estirar mientras ruego porque las demás lleguen.
Darme por vencida luego de una hora.
Alegrarme cuando al menos aparece otra.
Ensayar,
Crear nuevas coreografías,
Sentir y vivir y bailar.
Regresar a casa.
Dormir porque ha sido un día cansado.
Levantarme a comer.
Sentir de nuevo el corazón contento: un día lleno de danza es la vivencia máxima de la alegría.

viernes, 14 de agosto de 2015

Bitácora: vida de bailarina (también llamado días felices)

Me despierto.
Me baño.
Me pongo mi leotardo y guardo el resto de mi ropa de danza en mi mochila.
Me pongo lo primero que encuentro: es viernes por la mañana y realmente no me importa verme bien para mis amigas de danza, ellas me han visto desde lo más arreglada posible hasta momentos en los que parezco indigente.
Llego al lugar del ensayo.
Hacemos clase.
Nos ponemos a descifrar el video de lo que vamos a bailar.
No podemos hacer nada bien: nos estamos cayendo en los giros, las piernas no nos suben lo suficiente y nuestra intuición para seguir el movimiento está oxidada.
Seguimos intentando.
Seguimos fracasando.
Finalmente, logramos ejecutar de manera pseudodecente los primeros 45 segundos del video.
Probamos con una coreografía más tranquila y está vez nos va mejor.
La frustración por no poder hacer los pasos es superada por la felicidad de volver a nuestra danza.
Pagamos y nos vamos.
Regreso a casa a hacer mi rutina de ejercicio, porque he aumentado demasiado de peso, a parte de que debo de tonificar mis músculos para la danza (ese año y medio sin hacer clase o tener ensayos sin duda me ha afectado).
Quedo muerta por la rutina.
Espero a enfriarme para bañarme de nuevo y casi me quedo dormida.
Me baño por segunda vez.
Me cambio y como más rápido de lo que alguna vez lo he hecho en mi vida.
Me quedo dormida por una hora.
Despierto, me arreglo y me voy a la universidad.
Hay caras que me alegro de ver, hay otras que no tanto.
Sobrevivo a mi primera clase.
Empieza a llover.
Saco mis folletos de la fotocopiadora y compro comida porque si no, moriré del hambre.Empiezo a sentir que mis pies pican debido a que están mojados porque estoy usando sandalias y bueno, el agua de lluvia del suelo no es lo más limpio del mundo.
Mis amigos y yo llegamos tarde a clase.
La mala noticia: mis pies están ahora irritados y empiezo a sentir mis alergias debido al frío; además, no sé una buena parte de las cosas que mi docente pregunta o explica (en la materia que sirve de base para esta, no se encargaron de que supieramos lo básico... este ciclo será difícil).
La buena noticia: el aula está más calientita y la clase me emociona mucho, tenía bastante tiempo de no sentirme emocionada en una clase.
La lluvia no para.
Termina la clase, espero bastante a que lleguen por mí y llego a casa.
Ceno.
Voy a dormir feliz, recordando que es porque mañana también será un día lleno de danza.

jueves, 13 de agosto de 2015

Pereza mentirosa

Solía creer que había nacido para el ocio y que era una de las personas más perezosas del planeta Tierra.

Recientemente descubrí que estuve equivocada toda mi vida.

Hasta el año anterior, tuve todo el tiempo del mundo para hacer lo que me viniera en gana (a parte de estudiar, claro está) y resulta que estaba desmotivada, sin energías y bastante infeliz. Este año tuve un trabajo donde tenía que pasar sentada todo el tiempo. El resultado: dolor de espalda, de cabeza, dolores en mis lesiones de danza y todo ello debido a que mi cuerpo no está acostumbrado a tanto tiempo de inactividad. Poco a poco entendí que mi humor molesto, mi desmotivación, la infelicidad que sentía y todos los dolores corporales eran un grito de mi mente y de mi cuerpo: tenía que estar ocupada en diversas actividades.

Sucede que, desde niña tuve una agenda apretada: colegio, danza e inglés; así que tenía poco tiempo en el año para salir con mis amigos, pasar horas en el teléfono y en fin, ser una niña más normal y tener un poco más de ocio. Por eso, cuando tenía oportunidad de descansar, era poco probable que me moviera de mi cama o saliera de mi cuarto en todo el día.
Una vez mis hábitos cambiaron mi cuerpo lo resintió y no fue hasta que tuve serias llamadas de atención del mismo que cambié los primeros. Descubrí que soy una persona activa que nunca tuvo mucho tiempo para descansar y que, al parecer, mi cuerpo y mi mente lo prefieren de esa manera.
Por el momento, estoy desvelándome mientras organizo mi agenda que, gracias a Dios y la vida, está llena de eventos de danza, los cuales debo balancear con mi hermosa carrera. 
Extrañaba esto. Sí, la vida es buena. 


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Feliz día del Zurdo

Un saludo a todos los zurdos en este día:)
En especial a mi maestra de prekinder que jaló de mi cabello para que no colorease con la mano izquierda.

Las ventajas de ser zurdo en un mundo de diestros es que somos una doble amenaza >:)

Volví

Hace unos cuantos años, había una niñita feliz, sonriente, parecía un conejo saltando de alegría por todos lados (literalmente), bailaba en cualquier lugar sin importar qué diría la gente de mí, era cariñosa con todos, sonreía mucho, amaba la vida, veía bendiciones y motivos para estar contenta siempre.
Esa niña fue creciendo, dejó de tener tiempo para hacer lo que más amaba, dejó de amar la segunda cosa que más quería, dejó de bailar por la vida, dejó de mostrar su alegría porque todos decían que era "demasiado feliz", dejó de ser tan amable, confundió el realismo con el pesimismo... estuvo cerca de la depresión.
Vivió cosas importantes.
Aprendió.

Esa niña soy yo.
Ahora, después de un periodo de "no ser yo", un periodo triste, malo y oscuro, aprendí aún más sobre mí misma. Y entonces, también doy gracias a la vida por estos años tan malos: me dieron fuerza, me mostraron que la realidad está llena de cosas buenas y malas, que debemos de trabajar para salir de las malas, pero siempre agradecer por las buenas.
Aprendí que, aunque necesario, el dinero no lo es todo. La salud y la felicidad son las cosas a las que debería de apuntarle y solo reafirmé lo que siempre supe: mi felicidad es la danza. Aprendí que me encanta aprender, que amo mi carrera (psicología) más de lo que pensaba, a pesar de que a veces los psicólogos me decepcionen. 
Aprendí que es bueno decir no y poner un alto a las cosas cuando no se siente bien, aprendí que no todos me van a querer, aprendí que (sorprendentemente) algunos sí me van a querer de forma incondicional, aprendí que está bien que no me agraden todos.
Aprendí que soy más inteligente de lo que siempre creí (que va, aprendí que soy inteligente, cosa que antes nunca me atreví a creer), aprendí que valgo la pena y aprendí que debo hacer que la vida valga la pena. 
Soy, entonces, un poco de lo que aprendí y un poco de lo que era.
Me convertí en mis enseñanzas en adición a mis ideales.
Soy una nueva yo, pero también volví a ser la de antes. 


lunes, 10 de agosto de 2015

Hablar con enojo

Contrario a lo que cualquiera pensaría, soy una persona sumamente impulsiva.
Cuando estoy enojada, internamente estoy maldiciendo a la persona con la que estoy molesta y al mismo tiempo estoy repitiendo este mantra: "no digas nada, no va a ser bueno". Y así, me he callado opiniones ante afirmaciones "interesantes" de algunas personas, me he aplacado las ganas de besar a alguien, me he guardado mis opiniones frente a injusticias...
Uno de los fenómenos que más me ha llamado la atención en psicología es como las personas impulsivas pueden mostrarse como lo contrario frente al mundo, lo entiendo a la perfección porque yo soy así.

Hay como dos personas en este mundo que entienden cuando estoy enojada, saben diferenciar mi silencio de enojo de mi típico silencio de "estoy muy entretenida pensando en algo". Y ambas personas tienen más o menos facultad para determinar qué fue lo que me enojó. Esas personas saben que voy a hablar hasta que ya me sienta tranquila y la emoción me haya dejado, porque busco ser lo más objetiva y asertiva posible. 

Y es que si hablara cuando estoy enojada, probablemente heriría los sentimientos de los demás. Por ello considero una falta de consideración cuando alguien está en un momento difícil y trata mal a otra persona, sobre todo si esta otra persona está tratando de ayudarle. 
No es culpa del otro lo que te está pasando, no tenemos por qué desquitarnos con los demás. 
Es hiriente e innecesario. Es cierto, a veces necesitamos hacerlo, pero en lo personal, considero que es una grosería y una desconsideración con los demás. 

Quizás no todos sean iguales a mí y a algunos otros que podemos controlar nuestros fuertes impulsos, pero tratar de hacerlo es siempre un buen comienzo. Recordemos que los demás también están librando otras batallas de las que no tenemos idea, como para que vengamos a empeorar el día o la vida de esa persona.

domingo, 9 de agosto de 2015

Bitácora: vida de bailarina

Jueves 06 de agosto, 2O15.
Despertar.
Desayunar.
Esperar a hacer la digestión.
Buscar un leotardo de color que me quede porque he engordado mucho para usar los otros y es necesario que lo lleve a mi presentación.
Hacer ejercicio.
Bañarme.
Almorzar.
Darme por vencida y llevar mi leotardo negro porque no encontré el de color.
Esperar a mi mejor amiga para ir al lugar donde será la presentación.
Llega mi mejor amiga y tomamos el bus para irnos.
Caminar más de lo necesario porque el tráfico es muy pesado y si nos quedamos en el bus llegaremos tarde.
Buscar a la persona que nos contrató para que nos lleve a nuestros "camerinos" (más lujosos y seguros que los de la vez anterior).
Saludar a nuestro amigo.
Discutir sobre qué vamos a bailar, porque la presentación salió casi de la nada y habrá que bailar dentro de una fuente MUY SUCIA.
Recordar las variaciones que ya teníamos cuando habíamos bailado en otras fuentes (sí, esta es la cuarta o quinta vez que lo hacemos).
Quedar de acuerdo sobre qué vamos a hacer.
Esperar a que lleguen el resto de bailarines para ponernos de acuerdo.
Decidir cuál ropa que llevamos va a servirnos de vestuario.
Darnos cuenta que no íbamos muy preparados con maquillaje y vestuario. Sí, eso ya es señal de la edad.
Saludar a los otros dos bailarines cuando llegan.
Ponernos de acuerdo con el vestuario.
Ir a ver qué tan grande es la fuente y qué tan sucia está, para ver si vamos a poder cargarnos los unos a los otros ahí adentro.
Determinar el recorrido que haremos, cómo nos dispersaremos, cómo nos meteremos en la fuente.
Tratar de reírse al pensar en cómo nos vamos a ver los que estamos no tan delgados y cómo vamos a evitar caernos en ese piso lleno de musgo.
Evitar pensar que puedo lesionar aún más mi ya esguinzado pie.
Regresar al "camerino".
Maquillarse.
Escuchar las historias de los demás porque teníamos algún tiempo de no bailar juntos: los secretos más lindos, tristes y las experiencias más importantes se conversan en camerinos, ahí nacen conexiones que en otros lugares no.
Cambiarme.
Esperar a que mi amiga se termine de cambiar para que no se quede sola en el baño, porque es peligroso.
Salir y tratar de calentar-estirar en cinco escasos minutos.
Desearnos "mucha mierda" (suerte en lenguaje del artista).
Salir a la calle descalzos y con el corazón contento y bailarín.
Inicia la música y hay que empezar a improvisar: el mundo se vuelve la música, el movimiento, mi mundo de cosas por decir y sentir, y yo.
A lo lejos veo a una personita que ha llegado a verme bailar.
Permito que eso me distraiga un segundo y le guiño un ojo mientras sigo bailando.
Dejo que mi amigo haga la carga de siempre.
Improviso con un colega a quien acabo de conocer.
De a poco, nos adentramos a la fuente.
Casi me caigo por lo ligoso que está el piso dentro de la fuente, eso hace que me duela el pie del esguince.
Inmediatamente entro, me arden los ojos de lo sucia que está el agua.
Pero no me importa.
Algunos nos graban profesionalmente; otros, creo que por curiosidad y algunos otros, con fines no muy adecuados.
Una parte del público disfruta el performance, la otra parte se burla.
A ninguno nos importa.
Estamos en trance, la música nos lleva y nuestra alma la sigue.
Sucia y lo que sea, pero el agua es liberadora.
Pasamos media hora y yo siento que han sido cinco minutos.
Me duele el pie y me arden los ojos, tragué de esa sospechosa agua y lo único que quiero hacer es seguir bailando.
Pero nos indican que ya es hora de terminar.
Hacemos una reverencia al público y nos vamos por donde salimos.
En el camino, comentamos nuestros dolores, las cargadas que salieron y las que no, lo que alcanzaron a escuchar que decía el
Vamos con el corazón contento.
No hay duchas y lugar alguno para bañarnos.
Solo logro ver en el espejo de los mismos baños en los que me cambié que mi maquillaje era bueno, porque no se ha caído del todo.
Veo mis ojos rojos, sé que hoy por la noche tendré una infección: el agua era entre amarilla y gris.
Me seco, me cambio y espero a que mi mejor amiga termine de hacer lo mismo.
Al salir casi todos se han ido, mi amigo nos acompaña a la salida y nos despedimos.
Busco a mi novio entre la multitud y nos encontramos.
Le pregunto en qué lugar ha dejado el carro y dice que hay que llamar a su primo para que él nos lleve a donde está el carro.
Ninguno tiene crédito para hacer llamadas.
Le recuerdo que mi celular hace llamadas a números telefónicos de mi misma compañía telefónica y logramos comunicarnos.
Caminamos unas cuadras hacia arriba pues el lugar está llenísimo y es casi imposible que su primo nos encuentre en ese gentío.
Esperamos.
Mi amiga y yo no aguantamos más: el agua le dio ganas de vomitar y yo estoy desorientada del ver y sentir tanta gente a mi alrededor (no soy fanática de las multitudes).
Llegan por nosotros.
Vamos al lugar donde mi novio dejó su carro y damos las gracias por el aventón.
Mi novio y yo vamos a dejar a mi amiga a su casa.
Vamos a cenar.
Voy al baño del restaurante porque me siento asquerosa: me lavo alrededor de tres veces la cara, los brazos y el cuello; recojo más mi cabello para no verlo ni olerlo; limpio mis pies con una toalla de papel húmeda. Es todo lo que puedo hacer por ahora.
Cenamos.
Me despido de él cuando me viene a dejar a mi casa.
Saludo y me tiro en mi cama.
Muero por ir a bañarme, pero el cansancio me gana y me quedo en la cama un par de horas.
Finalmente, me doy una merecida y gloriosa ducha que se lleva toda esa suciedad.
Me pongo pijamas limpias y me peino.
Ruego que hayan gotas para evitar que me de una infección en los ojos, que cada vez me pican más.
Mi mamá las encuentra y me las pongo.
No puedo mover un centímetro más de mi cuerpo: la danza es uno de los estilos de vida más cansados que existen y experimentarla me hace feliz.
Me voy a dormir con una sonrisa en mi rostro: he bailado hoy, puedo dormir en paz.

miércoles, 5 de agosto de 2015

Inspiración del día

Bitácora: vida de bailarina (casi)

Viernes 31 de julio de 2O15.
Clase de danza por la mañana.
Ir a casa a comer y cambiarme.
Tomar el bus para llegar al lugar de la presentación.
Esperar a que todos lleguen.
Instalarse en "los camerinos" (Un patio atrás de un museo).
Decirle a mi maestro que no bailaré, solo ayudaré a pintar a los demás.
Ir por un café al restaurante del museo mientras los que no han comido almuerzan.
Hablar y hablar con mis amigas mientras tomamos nuestras bebidas.
Apresurar a mis amigas para que regresemos pronto.
Cambiarme para ayudar a pintar.
Pintar a quien esté libre (sí, fue un performance con bodypaint)
Seguir de pie pintando a quien este libre.
Hablar y hablar y hablar mientras sigo pintando.
Responder a la pregunta de por qué no bailaré ese día.
Seguir pintando.
Pintar más de prisa porque ya nos agarró la tarde.
Ignorar que tengo ganas de ir al baño desde hace horas.
Guardar los celulares de todos, porque el camerino no es tan exclusivo y no hay luz.
Escoltar a una bailarina.
Esperar a que empiece el performance.
Querer estar bailando con todos ellos.
Regresar al camerino.
Ayudar a una amiga a la que se le metió un vidrio en el pie porque el piso del camerino es de cemento y hay todo tipo de materiales de construcción ahí atrás.
Esperar a que todos terminen de bañarse y quitarse la pintura con una sola manguera en la oscuridad.
Querer estar en el relajo que todos hacen cuando se están bañando y tratando de sacarse la pintura del cabello, porque están hablando de cómo les fue en el performance y qué les pasó mientras bailaban.
Dar a cada quién su teléfono.
Quedarme sentada porque aunque no bailé, pasé parada pintando y me duelen los pies como el infierno.
Ver las estrellas tirada en el suelo mientras todos terminan.
Contestar teléfonos de mis amigas porque no se apresuran a terminar de bañarse.
Dejar que todos se vayan porque no van a alcanzar el último bus en la noche si se quedan esperando a que mis amigas terminen de cambiarse.
Quedarme sola en un museo en la noche con mi mejor amiga.
Verme forzada a entrar al restaurante del museo y comprar porque necesito ir al baño.
Ordenar un postre.
Ir al baño.
Salir del baño.
Sentarme (gloriosamente) mientras mi amiga va al baño.
Recibir un café de cortesía (probablemente porque recuerdan que mi amiga y yo les visitamos por la tarde con otras amigas y no nos callábamos ni nos molestamos en hablar bajo).
Tener la esperanza de que mi amiga se apresure en el baño porque ya casi llegan por nosotras.
Contestar mi celular y decirle a mi amiga que ya llegaron por nosotras.
Pagar la cuenta apresuradamente y dejar el café de cortesía con toda la pena del mundo.
Correr por nuestras vidas al carro.
Descubrir con toda le vergüenza del mundo que hicimos esperar mucho a mi novio y su mamá, que amablemente nos fueron a traer.
Acompañarles al súpermercado.
Comer (con aún más vergüenza) la comida que la mamá de mi novio nos compró en el supermercado porque nos ve la cara de exhaustas y hambrientas.
Dejar a mi amiga en su casa.
Despedirme de mi novio y su mamá y agradecerles el ir por nosotras cuando nadie más lo quiso hacer.
Llegar a casa.
Bañarme y ponerme pijama.
Recordar cuánto extrañaba estas andanzas.
¡Cómo te extrañaba, amada danza!
Ser feliz.

martes, 28 de julio de 2015

lunes, 27 de julio de 2015

Excepción

En medio de este caos que hay allá afuera,
en medio de este caos en el que me encuentro,
en medio de este caos que soy
encuentro la plenitud de tu tranquilidad,
ojos color miel. 

La ficción sí copia a la realidad

¿Han leído a Edgar Allan Poe?
Se los recomiendo.

¿Han visto alguna película de Quentin Tarantino?
También se los recomiendo.

Si ya han realizado alguna de esas cosas, sabrán que en el primer caso, el escritor suele añadir cierto suspenso y trata de introducir cierta sensación de miedo al lector. Por otro lado, el famoso director de cine suele mostrar en demasía formas creativas para matar personas.

¿Y qué tiene que ver una cosa con la otra dirán?
Se dice en ocasiones que la fantasía imita a la realidad, que a veces no es más que una leve hipérbole de esta. 
Bueno, mi pequeño país sería el paraíso de la inspiración para Poe y Tarantino.

Aquí no solo se conforman con asesinar a más de 10 personas diariamente (según cifras oficiales), sino que se encargan de que sea de la manera más tortuosa, humillante y pública posible. La víctima se podría considerar afortunada si la matan de un disparo único y limpio y dejan su cadáver completo cerca de la civilización.

Lo más común es que lo tiren a un barranco, o que existan diversos golpes o heridas hechas con armas cortopunzantes en las víctimas. Si son mujeres lo más probable es que antes de todo eso hayan sido violadas. 

Recuerdo la primera vez que leí El Diario de Ana Frank. No podía terminar de asimilar como lo que Ana narraba era verdad. Parecía una fantasía. Recuerdo que tuve una sensación más sombría cuando aprendí sobre la noche de los cuchillos largos, o la noche de los cristales rotos, o la matanza de Tlatelolco. Todo me parecía casi irreal. 

Ni hablar de cuando leía sobre los cementerios clandestinos. El imaginar como despedazan a esas personas y entierran sus partes en lugares distantes para mí, sigue siendo terrorífico. 

Mi país es terrorífico.
Salimos a las calles con la paranoia en el cuerpo y en la mente, solo para volver a casa y vivir esa misma paranoia dentro de cuatro paredes.
No sé cuándo ni cómo va a terminar todos los malos sucesos que le pasan a El Salvador.
Lo único que sé, es que cuando quieran una película o un libro de terror, bien podrían leer alguna que otra noticia sobre el pulgarcito de América y les prometo que tendrá el mismo efecto. 

La fantasiosa realidad

Mi país.
Esos 20, 742 km2² que son mi único y especial país.
Con sus habitantes y la poca naturaleza que han dejado sobrevivir.

Todos los días a lo largo de mi vida he escuchado a tantas personas quejarse del gobierno de mi país.Y no voy a negar que todos estamos en nuestro libre derecho de hacerlo, pero realmente, son tan pocas las personas que he visto hacer algo de verdad por este país. Así eso signifique ceder el paso a los peatones y no arrojar la basura en la calle. 

Carecemos de instituciones: sean ministerios, la policía o cualquier otra "institución" que se les ocurra, aquí no existe. Es solo un constante responder ante la persona que sea que este a cargo y la espera por la siguiente. 

Carecemos de educación: sí, estudiantes de bachillerato a los que ni siquiera se les brinda una mínima educación sexual (tanto en colegios privados como en instituciones públicas), estudiantes universitarios que son incapaces de analizar su realidad desde algo que no sea el punto de vista que los medios de comunicación quieren que tenga, un sistema educativo que alaba la obediencia y condena el cuestionamiento y la curiosidad. 

Carecemos de pasión y amor por algo: a los artistas nos llaman locos por preferir vivir de lo que amamos a trabajar por mucho dinero en algo que no nos gusta, preferimos quejarnos en lugar de iniciar un pequeño cambio nosotros mismos.

Me duele en el alma lo que le pasa a mi paisito. Me duelen las muertes diarias. Me duele que a otros les duela más la muerte de un perro que la de un humano (no porque el perro valga menos, sino porque eso habla de cómo obedecemos a quedarnos callados ante tanta violencia), también me duele cuando "solo porque sí" nuestros niños aprenden a maltratar a los animales. Me entristece que nuestro sistema de transporte público haga que las personas se paren mientras el autobús sigue en movimiento y me enfurece que no exista ni un pequeño grado de organización civil que haga que los pasajeros se queden en su lugar hasta que el bus pare (como se debe) y todos puedan bajar en orden, no empujándose unos a otros. 

Me duele que todo sea culpa del gobierno. Que la generación de mis padres culpe al conflicto armado y a todo lo que sufrieron.
Sí, mucho hubo y mucho hay de ambas cosas. Pero con seguir quejándonos no vamos a llegar a nada.
Es hora de actuar, de proponer. 
Es hora de apasionarnos por mejorar nuestra tierra, de la forma en la que podamos.
El cambio más próximo que podemos hacer es el de nosotros mismos: siendo puntuales, siendo honestos, procurando desalentar toda forma de violencia, siendo pacientes, siendo considerados con los demás, siendo ordenados y limpios.
¿No creen que un gobierno que tenga ciudadanos honestos, responsables, considerados... humanos, tendría que reaccionar? O mejor dicho, no "tendría que reaccionar", simplemente el pueblo lo haría reaccionar. 

Tenemos pandilleros. Antes tuvimos militares y guerrilleros. Y mucho antes hubo dictadura. Y aún antes, feudalismo. Y muchísimo antes de eso hubo una conquista. 
Y aún con todos esos años de historia tras nosotros, decidimos quedarnos callados. 
Decidimos seguir con el patrón que nos impusieron desde la conquista: quedarse calladitos, preocuparse por uno mismo y obedecer. 
Ya es tiempo de romper esos esquemas.

Y hago un especial llamado a los jóvenes, a mi generación:
DESPERTEMOS. 
Sí, quizás las generaciones anteriores no nos dejaron un mundo perfecto, pero aún es posible cambiarlo. Y ahora depende de nosotros hacer algo para disfrutar lo que queda de nuestro país y para que lo disfruten las generaciones posteriores. 

jueves, 23 de julio de 2015

شكر

Algunas ocasiones olvido quién soy yo.
Otras tantas veces se me olvida quién sos vos.
He podido llegar a olvidar qué hacemos aquí. 
Qué hacemos juntos.
Sorprendentemente jamás tu voz.
Jamás olvido tu sonrisa ni tus ojos.
Ni tu tacto.
Quizás olvide como te necesito,
pero jamás la paz que me traes.
No sé que hice en este mundo que te merezco
(la verdad es que quizás no te merezca) 
pero sí se que te necesito.
No sé cuánto lo sepas, pero te quiero.
Con mis formas raras te quiero.
Con tus formas raras te quiero.
La verdad es que somos raros y por eso nos queremos. 
Pero no solo sos raro:
Sos un sol 
o un ángel
o un regalo.
Aún no lo sé. 
Quizás sos todo. 
Por el momento, lo que sé es esto: 
sos mi amor. 


Reconocimientos

A veces uno se olvida de las cosas buenas que lo rodean.
A veces se olvidan de que uno es alguien bueno.
A veces uno se olvida de lo bueno que tiene en sí mismo.
A veces a uno lo olvidan.
A veces uno se olvida a sí mismo.
A veces no.

Otras veces uno se recuerda de lo bueno que lo rodea.
Otras tantas a uno le recuerdan que uno es alguien bueno.
Otras veces nos recordamos que tenemos cosas buenas dentro de nosotros.
Otras tantas, las personas nos recuerdan.
Otras veces nosotros nos recordamos quiénes somos.
Otras tantas, no.

Y es entonces que llegan esos ángeles a recordarnos quiénes somos.
Solo que a veces no son ángeles, sino demonios disfrazados.
O ángeles caídos.
Y algunos les creen a los ángeles falsos.
Y terminan olvidando quiénes son o quienes fueron.
Y se vuelven quiénes los falsos ángeles quieren que sean.

Algunos somos más afortunados.
Y encontramos ángeles verdaderos.
Y así nos recuerdan quienes somos.
Y esos ángeles nos recuerdan a nosotros.
Y nosotros los recordamos a ellos.

Y, no sé si falsos o verdaderos,
pero en el fondo todos somos ángeles.

De lo sobrenatural

Me sorprende como muchos pueden decir que no creen en lo mágico, en lo divino. Quizás somos pocos los que hemos abierto bien nuestros ojos, o mejor dicho, quienes hemos abierto nuestro corazón. 
Puedo decir con certeza que yo sí he visto la magia, sí he visto lo divino. 
¿Acaso no es mágico como el arte, sea la música, la danza, la pintura y tantas otras ramas nos generen algún tipo de sensación? Creo que pocas personas pueden decir que jamás se han conmovido con una película, o que jamás han creído que una canción describe por completo su vida, o que una imagen los ha impactado a sobremanera. En lo personal, me sigue pareciendo mágico como la música nos lleva a crear movimientos para bailar, como unas cuantas notas musicales son capaces de liberar un sin fin de movimientos corporales. 
¿Me dirán que no es divina esa sensación de amar y ser amado? Sí, es un cliché; pero es cierto. Esa sensación de ver lo bueno de otra persona, de querer tanto a alguien que nadarías el océano más profundo solo porque esa persona te lo pidió o levantarte temprano para salir a correr juntos. Esa sensación de ser tan querido por el otro que sabes que esa otra persona haría exactamente lo mismo por vos. ¿No es, acaso, mágico, como podes sentirte encerrado en tu burbuja solo con la compañía del otro? ¿como te quedas con esa sonrisa boba mientras están juntos o te sabes a su lado? 

Yo me considero una amante de la vida, creo que todo es un regalo: solo hay que abrir los ojos y el corazón. Las personas, el sol, la luna, los árboles, los animales, el mar, los ríos, las montañas... ¿acaso no son los regalos más importantes que tenemos? 
¿Que no daría un ciego por ver el verde de los árboles en las mañanas? ¿que no daría un sordo por escuchar el canto de las aves? 
¿Cómo no enamorarse del mar, de su sonido, de su espuma, de su misterio? ¿ Cómo no amar el sol o la luna? ¿Cómo no amar el verde de los bosques o de un solo árbol? ¿Cómo no admirar la belleza de una flor, por sencilla que sea? ¿Cómo no adorar esas sonrisas que hay entre las personas? 

Yo creo en la magia y lo divino porque lo presencio a cada momento, les veo en esos regalos: en como el cielo, al atardecer es una sinfonía de colores tan diferentes, pero dispuestos de tal manera que resulta una delicia; en como la lluvia moja la tierra, creando uno de los aromas más exquisitos de este mundo; en como los humanos (cuando queremos) podemos ser la mejor medicina para alguien enfermo. 

Que me digan dramática, ilusa, optimista o soñadora. Para mí la magia y lo divino son reales. 
Si dejáramos de vivir un día sin todas esas cosas, quizás empezaríamos a ver su verdadero valor. 

lunes, 13 de julio de 2015

Chispas

Cuando estás demasiado tiempo en una relación sentimental con alguien, es posible que las cosas se tornen un poco monótonas. Entre el estudio, trabajo y los problemas del día a día, a veces nos olvidamos de los buenos momentos con la otra persona. A veces podríamos fingir con nosotros mismo que esos buenos momentos nos los van a dar otra personas. 
Puede o no que sea cierto.
Lo que sí sé, es que siempre es bueno romper las rutinas: hacer las cosas que hacían como cuando empezaron el noviazgo, escaparse lejos de todo el mundo, pasar un día en la playa o en el campo, ir de compras, hacer una maratón de películas o series, viajar en carro o en autobús sin rumbo, cocinar el uno para el otro, hacerse cosquillas, tener un debate energizante. 
En fin, es una lista que podría no acabar, supongo que lo importante es hacer aquellas cosas que nos recuerden por qué sentimos esas chispas, porque nos encanta esa persona y no alguien más, lo importante es seguir buscando y viviendo esos segundos en los que se ven el uno al otro a los ojos y saben que ambos están pensando y sintiendo lo mismo. 

Inspiración del día

                                                           

Ojos que brillan

Me han preguntado qué cosas me gustan en los hombres, qué es lo primero que veo en un hombre o cómo describiría a mi hombre ideal.
Y bueno, la palabra lo dice: es un ideal. 
No puedo centrarme en esa ilusa e irreal (aunque bien definida) descripción.
Lo que puedo decir, es que lo que más me llama la atención en un hombre son sus ojos.
No estoy hablando de esos ojos que catalogamos como bonitos, aquellos ojos grandes verdes, azules o grises que a varios nos encantaría tener.
Hablo de esos ojos que brillan cuando te ven, de esos ojos que recitan poesías, que bailan, esos ojos donde podes perderte por siempre, esos ojos que se dejan ver, que no se esconden.
Que me llamen loca o extraña, pero sí se han encontrado con un par de ojos así, me entenderán. 
Tiendo a poner mucha atención a los ojos de las personas en general (no solo en los hombres), porque me encanta que siempre dicen algo; pero no puedo negar que hay cierto par de hombres que me han dejado perdida en su mirada. Como les repito, no porque sean unos ojos de color o unos ojos incrustados en una cara atractiva, sino porque hay algo de melancolía, de pasión, de viveza...en verdad, hay algo de su espíritu o de su alma allí, por lo que es imposible apartarles la mirada. Son esos ojos los que prefiero evitar, porque cuando los veo, son mis propios ojos los que me van a delatar: podría quedarme desorientada en esos ojos, o los míos podrían revelar mi atracción. 

No juzgar un libro por su portada

"Antes de hablarte creía que te caía mal"

"Yo, antes de conocerte, te miraba tan creída y altanera"

"Pensaba que eras súper orgullosa y que me mirabas feo"

Tengo 21 años. Y al menos de los años de los que tengo consciencia, puedo decirles que esas frases (entre sus muchas variantes) me han acompañado a todas partes todo este tiempo.

Sí, realmente soy una persona muy seria, me gusta ser formal y disciplinada (me encanta la disciplina), adoro la responsabilidad. Sin embargo, eso no quiere decir que soy altanera y orgullosa, mucho menos engreída. 
Soy una persona de polos totalmente opuestos: por un lado adoro la seriedad y las agendas con horarios fijos; pero por otro, quiero huir luego de unos días de rutina, adoro la naturaleza, los viajes largos sin un destino en concreto, la luz del sol y toda cantidad de cosas hippies que se les pueda ocurrir,

También sucede que no suelo fijarme en las personas (al menos no en las que no considere importantes). Y también sucede que estamos tan acostumbrados a que se entrometan en nuestras vidas, que nos enoja cuando alguien no lo hace.
Si de algo estoy orgullosa es que no me interesa el resto de personas: ni para bien, ni para mal. Con esto no quiero decir que no deseo que haya una repartición más justa de los recursos a nivel nacional o global, ni que no me interesen las personas que mueren asesinadas a manos de la violencia en Latinoamérica, ni que no me indigne con la discriminación que sufren algunos... significa simple y sencillamente que si voy caminando por la calle y no te saludo, es porque simplemente no te vi, estaba demasiado entretenida pensando en algo más que ni siquiera sé cómo llegué al lugar en el que me encuentro.

Las personas tienden a juzgarte por no fijarte en ellas, pero nadie en ningún momento se detiene a pensar ¿será que tiene muchos problemas y por eso no vuelve a ver a nadie? ¿será que es sumamente distraída y no me ve? Como les menciono, soy una extraña combinación de polos opuestos: por un lado soy lo que llamarían una mujer clásica: adoro las perlas y las cosas sobrias, por el otro soy una niña de 10 años con alma hippie. Adoro la luz del sol, amo todo tipo de clima (y cada uno de ellos me lleva a un estado de ánimo), amo la luz de la luna, la naturaleza, los libros, las ropas flojas, creo que se necesitan más muestras de amor y de afecto en el mundo y menos armas, soy creyente de que podemos aprender un poquito de cada persona... en fin, podría considerarme una apasionada de la vida (aunque solo un par de personas sepan que lo soy). 

Y ¿saben qué?
Sé que todos llevamos esas extrañas combinaciones dentro de nosotros. Solo tenemos que dejar de etiquetar y juzgar lo más obvio de los otros y darnos cuenta de esos detalles especiales que poseen, seamos una de ese par de personas que saben la extraña, bella y única pieza que es el otro. 



Almas libres

Soy de esas personas que tienden a pensar todo demasiado. Es más, si una situación me agarra desprevenida, siempre encuentro la manera de pensar antes de actuar. Y está bien ser así... pero a veces quisiera ser impulsiva, desenfrenada. Admiro tanto a las personas que se dejan ir con facilidad por su ira o su agresión, porque pueden responder a lo que sienten en el momento, no se reprimen.
Siempre me encantó ser controlada, racional siempre presumí de pensar antes de actuar y es que en el fondo, soy sumamente impulsiva, y es por eso que me controlo a toda costa: nadie debería verme cuando me enfado.
Recientemente, estaba pensando que sí, a veces es bueno dejarse ir en los momentos de enfado. 
Pero ¿qué sucede con el resto de momentos? Y luego empecé a cuestionarme si en verdad era "un alma libre", me cuestioné qué tanto me permitía sentir mis impulsos.
Soy artista, por lo que obviamente saco toooodoooo lo que llevo dentro por medio de mi arte, cosas que ni aquellos que me conocen más de cerca se imaginarían.
Solemos decir que alguien es impulsivo o "un alma libre" porque no piensa dos veces las cosas antes de hacerlas. Bueno, yo creo que eso es cierto solo en parte.
Sucede que, las almas libres sí piensan las cosas, pero no les importa cómo van a ser juzgados, por lo que hacen lo que quieran de todas formas y suelen hacer lo que quieren sin la necesidad de herir a diestra y siniestra a los demás (aún enfadados).
Sin embargo, también las almas libre son aquellas que están felices en su interior, son aquellas que el mundo quiere acallar solo porque sí.
Todos hemos sido almas felices en ocasiones y nos hemos dejado silenciar... y es así como dejamos de ser almas libres. 
Yo he sido silenciada por ser muy feliz, por estar muy sonriente, por creer mucho en otros. por andar bailando por la vida y sin darme cuenta, me convertí no solo en un alma triste, sino también en un alma esclavizada, al servicio de la opinión de los demás. Y aún siendo lo que los demás querían, luego se quejaron de mí, por estar muy callada, por ser muy seria, por ser muy triste, por no verme feliz. 
El mundo siempre va a verte mal, así que si sentís algo SACALO. Todos tenemos derecho a sentirnos tristes, enojados, asustados, sorprendidos, enamorados y felices.
Las almas libres son así: sienten. También piensan. Sí, también piensan, porque no se dedican a herir a los demás: las almas libres sacan lo que llevan dentro de sí mismos sin la necesidad de herir a otros.
Así que sintamos, lo que sea, pero sintamos. Riamos, bailemos, lloremos, gritemos, frunzamos el ceño, pensemos y sobre todo: dejemos que los demás también sean almas libres



lunes, 6 de julio de 2015

¿Otro día que va?

Recientemente tuve el parcial final de una materia un poco difícil. Era un parcial acumulativo. Era demasiada información como para procesarla y aprenderla toda de memoria.
Lo que debía estudiar, correspondía a alrededor de 270 páginas, que requerían ser memorizadas, más mis clases y otras pequeñas lecturas. 
Yo ya había pasado la materia y por lo tanto podía perfectamente no realizar mi parcial y aún así estar tranquila pues ya había pasado. La verdad es que nunca he sido una conformista, todo lo contrario: siempre me han caracterizado por ser una perfeccionista. Y siendo honesta, sé que tengo toda la capacidad para aprenderme esas páginas, pero debido a la naturaleza de la materia, lo considero contraproducente. 
En esta ocasión, me rendí ante las tentaciones del mundo y decidí no estudiar (también fue parte de una pequeña protesta personal por algunas situaciones que habían sucedido con el encargado de la materia). 
No obstante, me es difícil dejar mis viejos hábitos y solo me dediqué a leer el material de estudio para el parcial, el cual era más de la mitad del capítulo cinco de la CIE-10, este corresponde a una clasificación y descripción de trastornos psicológicos. Aburrida, enojada, fatigada entre otras cosas, a medida iba leyendo me quedaba triste por la gran cantidad de trastornos mentales que existen y de los que no nos damos cuenta.
Me hizo pensar que a diario nos quejamos tanto de lo que tenemos y de lo que otros desearían, tomamos todo por sentado. No nos damos cuenta de las muchas personas que desearían estar en nuestros zapatos, preparándose para realizar un examen de la carrera que escogieron, no nos fijamos en que lo más importante es que estamos sanos, que estamos vivos. ¿Qué no darían los prisioneros de guerra por estar en nuestro lugar? ¿qué no darían los jóvenes salvadoreños de las décadas de los setenta y ochenta por estudiar sin ser perseguidos por ello? ¿qué no darían los niños que se suben al bus o que están en la calle porque hubiera alguien que les pagara su educación?
No quiero decir con esto que debemos ser conformistas, pero creo que es siempre necesario mantener la visión positiva: tenemos más de lo que pensamos... o mejor dicho: tenemos más de lo que queremos ver. 

sábado, 4 de julio de 2015



Inspiración del día. 

Incertidumbre.


Tengo 21 años de edad y a pesar de ello a veces me atrevo a considerarme sabia. Procuro adquirir un poquito de sabiduría todos los días, de quien pueda conseguirla. Creo que todos tenemos algo maravilloso que enseñarle a los demás, solo que a veces nosotros mismos no lo sabemos y a veces somos silenciados. 
A lo largo de mi vida, he sido fanática de formarme criterios sobre todas las cosas, pero a medida voy creciendo entiendo que eso es imposible. He tardado en descubrir que la única cosa de la que podemos tener certeza en este mundo es que no hay certeza de nada y todo es una incertidumbre.
Entonces ¿qué hacer frente a la incertidumbre que nos plantea la vida?
Creo que la respuesta no se refiere al hacer, si no al ser.
Simplemente seamos ¿seamos qué? Seamos nosotros mismos. Puede que esta respuesta se considere genérica (y probablemente lo sea) pero a lo largo de nuestra vida es justamente eso lo que nos funciona. Simplemente ser nosotros mismos. 
Siendo nosotros mismos, con nuestros criterios, con nuestras formas de entender el mundo es que enfrentamos esa incertidumbre. Ser nosotros mismos es lo que nos lleva a dejar de existir y en cambio, nos lleva a vivir, a vivir experiencias, con las cuales poquito a poquito vamos a ir aprendiendo y así, iremos desentrañando aunque sea un poco de la incertidumbre de este mundo.