jueves, 13 de agosto de 2015

Volví

Hace unos cuantos años, había una niñita feliz, sonriente, parecía un conejo saltando de alegría por todos lados (literalmente), bailaba en cualquier lugar sin importar qué diría la gente de mí, era cariñosa con todos, sonreía mucho, amaba la vida, veía bendiciones y motivos para estar contenta siempre.
Esa niña fue creciendo, dejó de tener tiempo para hacer lo que más amaba, dejó de amar la segunda cosa que más quería, dejó de bailar por la vida, dejó de mostrar su alegría porque todos decían que era "demasiado feliz", dejó de ser tan amable, confundió el realismo con el pesimismo... estuvo cerca de la depresión.
Vivió cosas importantes.
Aprendió.

Esa niña soy yo.
Ahora, después de un periodo de "no ser yo", un periodo triste, malo y oscuro, aprendí aún más sobre mí misma. Y entonces, también doy gracias a la vida por estos años tan malos: me dieron fuerza, me mostraron que la realidad está llena de cosas buenas y malas, que debemos de trabajar para salir de las malas, pero siempre agradecer por las buenas.
Aprendí que, aunque necesario, el dinero no lo es todo. La salud y la felicidad son las cosas a las que debería de apuntarle y solo reafirmé lo que siempre supe: mi felicidad es la danza. Aprendí que me encanta aprender, que amo mi carrera (psicología) más de lo que pensaba, a pesar de que a veces los psicólogos me decepcionen. 
Aprendí que es bueno decir no y poner un alto a las cosas cuando no se siente bien, aprendí que no todos me van a querer, aprendí que (sorprendentemente) algunos sí me van a querer de forma incondicional, aprendí que está bien que no me agraden todos.
Aprendí que soy más inteligente de lo que siempre creí (que va, aprendí que soy inteligente, cosa que antes nunca me atreví a creer), aprendí que valgo la pena y aprendí que debo hacer que la vida valga la pena. 
Soy, entonces, un poco de lo que aprendí y un poco de lo que era.
Me convertí en mis enseñanzas en adición a mis ideales.
Soy una nueva yo, pero también volví a ser la de antes. 


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