sábado, 15 de agosto de 2015

Bitácora: vida de bailarina (también llamada más días felices)

Despertar.
Bañarme.
Ponerme el leotardo, cambiarme y guardar el resto de mi ropa de danza en la mochila.
Desayunar.
Dar clase de danza: a pesar de que fue una clase muy técnica y poco movida, mis niñas son valientes y no se quejan en los estiramientos más dolorosos.
Esperar a mi mamá.
Almorzar en 7 minutos porque ya voy tarde para el ensayo.
Subirme al bus que me llevará al ensayo, un poco ameno viaje de 1 hora en el tráfico en un bus que viaja a unos 20 km por hora y que lleva más pasajeros de los que debería, todo eso bajo el calor que hace a las 12 del mediodia en mi lindo El Salvador,
Llegar casi dormida y agotada al ensayo.
Ver que solo una de mis amigas ya está ahí.
Cambiarme de nuevo.
Ponernos al día.
Calentar y estirar mientras ruego porque las demás lleguen.
Darme por vencida luego de una hora.
Alegrarme cuando al menos aparece otra.
Ensayar,
Crear nuevas coreografías,
Sentir y vivir y bailar.
Regresar a casa.
Dormir porque ha sido un día cansado.
Levantarme a comer.
Sentir de nuevo el corazón contento: un día lleno de danza es la vivencia máxima de la alegría.

No hay comentarios:

Publicar un comentario