miércoles, 26 de agosto de 2015
sábado, 22 de agosto de 2015
sábado, 15 de agosto de 2015
La gente poco cuerda
Siempre me gustó la gente apasionada.
Esa gente que les ves en la mirada cuanto disfrutan lo que hacen.
Esa gente valiente que deja todo del lado: salidas, viajes, dinero y tantas cosas más, todo para perseguir sus sueños, sean los que sean.
Me fascina esa gente que cuando hace lo que ama tiene un brillito especial en sus ojos.
Esos artistas que entran en trance hasta terminar lo que hacen.
Me fascina cualquier persona que sacrifique su tiempo a fin de hacer lo que ama, porque ni siquiera cuenta como un sacrificio.
Es gente que cualquiera pensaría que es extraña, que es rara.
Y de hecho lo son.
La gente apasionada, tristemente, no es muy común estos días... y es justo lo que necesita este mundo.
Seamos nosotros, es persona apasionada por nuestros proyectos e ideales, seamos raros y extraños,
seamos ese cambio que necesita el mundo.
Esa gente que les ves en la mirada cuanto disfrutan lo que hacen.
Esa gente valiente que deja todo del lado: salidas, viajes, dinero y tantas cosas más, todo para perseguir sus sueños, sean los que sean.
Me fascina esa gente que cuando hace lo que ama tiene un brillito especial en sus ojos.
Esos artistas que entran en trance hasta terminar lo que hacen.
Me fascina cualquier persona que sacrifique su tiempo a fin de hacer lo que ama, porque ni siquiera cuenta como un sacrificio.
Es gente que cualquiera pensaría que es extraña, que es rara.
Y de hecho lo son.
La gente apasionada, tristemente, no es muy común estos días... y es justo lo que necesita este mundo.
Seamos nosotros, es persona apasionada por nuestros proyectos e ideales, seamos raros y extraños,
seamos ese cambio que necesita el mundo.
Bitácora: vida de bailarina (también llamada más días felices)
Despertar.
Bañarme.
Ponerme el leotardo, cambiarme y guardar el resto de mi ropa de danza en la mochila.
Desayunar.
Dar clase de danza: a pesar de que fue una clase muy técnica y poco movida, mis niñas son valientes y no se quejan en los estiramientos más dolorosos.
Esperar a mi mamá.
Almorzar en 7 minutos porque ya voy tarde para el ensayo.
Subirme al bus que me llevará al ensayo, un poco ameno viaje de 1 hora en el tráfico en un bus que viaja a unos 20 km por hora y que lleva más pasajeros de los que debería, todo eso bajo el calor que hace a las 12 del mediodia en mi lindo El Salvador,
Llegar casi dormida y agotada al ensayo.
Ver que solo una de mis amigas ya está ahí.
Cambiarme de nuevo.
Ponernos al día.
Calentar y estirar mientras ruego porque las demás lleguen.
Darme por vencida luego de una hora.
Alegrarme cuando al menos aparece otra.
Ensayar,
Crear nuevas coreografías,
Sentir y vivir y bailar.
Regresar a casa.
Dormir porque ha sido un día cansado.
Levantarme a comer.
Sentir de nuevo el corazón contento: un día lleno de danza es la vivencia máxima de la alegría.
Bañarme.
Ponerme el leotardo, cambiarme y guardar el resto de mi ropa de danza en la mochila.
Desayunar.
Dar clase de danza: a pesar de que fue una clase muy técnica y poco movida, mis niñas son valientes y no se quejan en los estiramientos más dolorosos.
Esperar a mi mamá.
Almorzar en 7 minutos porque ya voy tarde para el ensayo.
Subirme al bus que me llevará al ensayo, un poco ameno viaje de 1 hora en el tráfico en un bus que viaja a unos 20 km por hora y que lleva más pasajeros de los que debería, todo eso bajo el calor que hace a las 12 del mediodia en mi lindo El Salvador,
Llegar casi dormida y agotada al ensayo.
Ver que solo una de mis amigas ya está ahí.
Cambiarme de nuevo.
Ponernos al día.
Calentar y estirar mientras ruego porque las demás lleguen.
Darme por vencida luego de una hora.
Alegrarme cuando al menos aparece otra.
Ensayar,
Crear nuevas coreografías,
Sentir y vivir y bailar.
Regresar a casa.
Dormir porque ha sido un día cansado.
Levantarme a comer.
Sentir de nuevo el corazón contento: un día lleno de danza es la vivencia máxima de la alegría.
viernes, 14 de agosto de 2015
Bitácora: vida de bailarina (también llamado días felices)
Me despierto.
Me baño.
Me pongo mi leotardo y guardo el resto de mi ropa de danza en mi mochila.
Me pongo lo primero que encuentro: es viernes por la mañana y realmente no me importa verme bien para mis amigas de danza, ellas me han visto desde lo más arreglada posible hasta momentos en los que parezco indigente.
Llego al lugar del ensayo.
Hacemos clase.
Nos ponemos a descifrar el video de lo que vamos a bailar.
No podemos hacer nada bien: nos estamos cayendo en los giros, las piernas no nos suben lo suficiente y nuestra intuición para seguir el movimiento está oxidada.
Seguimos intentando.
Seguimos fracasando.
Finalmente, logramos ejecutar de manera pseudodecente los primeros 45 segundos del video.
Probamos con una coreografía más tranquila y está vez nos va mejor.
La frustración por no poder hacer los pasos es superada por la felicidad de volver a nuestra danza.
Pagamos y nos vamos.
Regreso a casa a hacer mi rutina de ejercicio, porque he aumentado demasiado de peso, a parte de que debo de tonificar mis músculos para la danza (ese año y medio sin hacer clase o tener ensayos sin duda me ha afectado).
Quedo muerta por la rutina.
Espero a enfriarme para bañarme de nuevo y casi me quedo dormida.
Me baño por segunda vez.
Me cambio y como más rápido de lo que alguna vez lo he hecho en mi vida.
Me quedo dormida por una hora.
Despierto, me arreglo y me voy a la universidad.
Hay caras que me alegro de ver, hay otras que no tanto.
Sobrevivo a mi primera clase.
Empieza a llover.
Saco mis folletos de la fotocopiadora y compro comida porque si no, moriré del hambre.Empiezo a sentir que mis pies pican debido a que están mojados porque estoy usando sandalias y bueno, el agua de lluvia del suelo no es lo más limpio del mundo.
Mis amigos y yo llegamos tarde a clase.
La mala noticia: mis pies están ahora irritados y empiezo a sentir mis alergias debido al frío; además, no sé una buena parte de las cosas que mi docente pregunta o explica (en la materia que sirve de base para esta, no se encargaron de que supieramos lo básico... este ciclo será difícil).
La buena noticia: el aula está más calientita y la clase me emociona mucho, tenía bastante tiempo de no sentirme emocionada en una clase.
La lluvia no para.
Termina la clase, espero bastante a que lleguen por mí y llego a casa.
Ceno.
Voy a dormir feliz, recordando que es porque mañana también será un día lleno de danza.
Me baño.
Me pongo mi leotardo y guardo el resto de mi ropa de danza en mi mochila.
Me pongo lo primero que encuentro: es viernes por la mañana y realmente no me importa verme bien para mis amigas de danza, ellas me han visto desde lo más arreglada posible hasta momentos en los que parezco indigente.
Llego al lugar del ensayo.
Hacemos clase.
Nos ponemos a descifrar el video de lo que vamos a bailar.
No podemos hacer nada bien: nos estamos cayendo en los giros, las piernas no nos suben lo suficiente y nuestra intuición para seguir el movimiento está oxidada.
Seguimos intentando.
Seguimos fracasando.
Finalmente, logramos ejecutar de manera pseudodecente los primeros 45 segundos del video.
Probamos con una coreografía más tranquila y está vez nos va mejor.
La frustración por no poder hacer los pasos es superada por la felicidad de volver a nuestra danza.
Pagamos y nos vamos.
Regreso a casa a hacer mi rutina de ejercicio, porque he aumentado demasiado de peso, a parte de que debo de tonificar mis músculos para la danza (ese año y medio sin hacer clase o tener ensayos sin duda me ha afectado).
Quedo muerta por la rutina.
Espero a enfriarme para bañarme de nuevo y casi me quedo dormida.
Me baño por segunda vez.
Me cambio y como más rápido de lo que alguna vez lo he hecho en mi vida.
Me quedo dormida por una hora.
Despierto, me arreglo y me voy a la universidad.
Hay caras que me alegro de ver, hay otras que no tanto.
Sobrevivo a mi primera clase.
Empieza a llover.
Saco mis folletos de la fotocopiadora y compro comida porque si no, moriré del hambre.Empiezo a sentir que mis pies pican debido a que están mojados porque estoy usando sandalias y bueno, el agua de lluvia del suelo no es lo más limpio del mundo.
Mis amigos y yo llegamos tarde a clase.
La mala noticia: mis pies están ahora irritados y empiezo a sentir mis alergias debido al frío; además, no sé una buena parte de las cosas que mi docente pregunta o explica (en la materia que sirve de base para esta, no se encargaron de que supieramos lo básico... este ciclo será difícil).
La buena noticia: el aula está más calientita y la clase me emociona mucho, tenía bastante tiempo de no sentirme emocionada en una clase.
La lluvia no para.
Termina la clase, espero bastante a que lleguen por mí y llego a casa.
Ceno.
Voy a dormir feliz, recordando que es porque mañana también será un día lleno de danza.
jueves, 13 de agosto de 2015
Pereza mentirosa
Solía creer que había nacido para el ocio y que era una de las personas más perezosas del planeta Tierra.
Recientemente descubrí que estuve equivocada toda mi vida.
Hasta el año anterior, tuve todo el tiempo del mundo para hacer lo que me viniera en gana (a parte de estudiar, claro está) y resulta que estaba desmotivada, sin energías y bastante infeliz. Este año tuve un trabajo donde tenía que pasar sentada todo el tiempo. El resultado: dolor de espalda, de cabeza, dolores en mis lesiones de danza y todo ello debido a que mi cuerpo no está acostumbrado a tanto tiempo de inactividad. Poco a poco entendí que mi humor molesto, mi desmotivación, la infelicidad que sentía y todos los dolores corporales eran un grito de mi mente y de mi cuerpo: tenía que estar ocupada en diversas actividades.
Sucede que, desde niña tuve una agenda apretada: colegio, danza e inglés; así que tenía poco tiempo en el año para salir con mis amigos, pasar horas en el teléfono y en fin, ser una niña más normal y tener un poco más de ocio. Por eso, cuando tenía oportunidad de descansar, era poco probable que me moviera de mi cama o saliera de mi cuarto en todo el día.
Una vez mis hábitos cambiaron mi cuerpo lo resintió y no fue hasta que tuve serias llamadas de atención del mismo que cambié los primeros. Descubrí que soy una persona activa que nunca tuvo mucho tiempo para descansar y que, al parecer, mi cuerpo y mi mente lo prefieren de esa manera.
Por el momento, estoy desvelándome mientras organizo mi agenda que, gracias a Dios y la vida, está llena de eventos de danza, los cuales debo balancear con mi hermosa carrera.
Extrañaba esto. Sí, la vida es buena.
Feliz día del Zurdo
Un saludo a todos los zurdos en este día:)
En especial a mi maestra de prekinder que jaló de mi cabello para que no colorease con la mano izquierda.
Las ventajas de ser zurdo en un mundo de diestros es que somos una doble amenaza >:)
En especial a mi maestra de prekinder que jaló de mi cabello para que no colorease con la mano izquierda.
Las ventajas de ser zurdo en un mundo de diestros es que somos una doble amenaza >:)
Volví
Hace unos cuantos años, había una niñita feliz, sonriente, parecía un conejo saltando de alegría por todos lados (literalmente), bailaba en cualquier lugar sin importar qué diría la gente de mí, era cariñosa con todos, sonreía mucho, amaba la vida, veía bendiciones y motivos para estar contenta siempre.
Esa niña fue creciendo, dejó de tener tiempo para hacer lo que más amaba, dejó de amar la segunda cosa que más quería, dejó de bailar por la vida, dejó de mostrar su alegría porque todos decían que era "demasiado feliz", dejó de ser tan amable, confundió el realismo con el pesimismo... estuvo cerca de la depresión.
Vivió cosas importantes.
Aprendió.
Esa niña soy yo.
Ahora, después de un periodo de "no ser yo", un periodo triste, malo y oscuro, aprendí aún más sobre mí misma. Y entonces, también doy gracias a la vida por estos años tan malos: me dieron fuerza, me mostraron que la realidad está llena de cosas buenas y malas, que debemos de trabajar para salir de las malas, pero siempre agradecer por las buenas.
Aprendí que, aunque necesario, el dinero no lo es todo. La salud y la felicidad son las cosas a las que debería de apuntarle y solo reafirmé lo que siempre supe: mi felicidad es la danza. Aprendí que me encanta aprender, que amo mi carrera (psicología) más de lo que pensaba, a pesar de que a veces los psicólogos me decepcionen.
Aprendí que es bueno decir no y poner un alto a las cosas cuando no se siente bien, aprendí que no todos me van a querer, aprendí que (sorprendentemente) algunos sí me van a querer de forma incondicional, aprendí que está bien que no me agraden todos.
Aprendí que soy más inteligente de lo que siempre creí (que va, aprendí que soy inteligente, cosa que antes nunca me atreví a creer), aprendí que valgo la pena y aprendí que debo hacer que la vida valga la pena.
Soy, entonces, un poco de lo que aprendí y un poco de lo que era.
Me convertí en mis enseñanzas en adición a mis ideales.
Soy una nueva yo, pero también volví a ser la de antes.
Me convertí en mis enseñanzas en adición a mis ideales.
Soy una nueva yo, pero también volví a ser la de antes.
miércoles, 12 de agosto de 2015
martes, 11 de agosto de 2015
lunes, 10 de agosto de 2015
Hablar con enojo
Contrario a lo que cualquiera pensaría, soy una persona sumamente impulsiva.
Cuando estoy enojada, internamente estoy maldiciendo a la persona con la que estoy molesta y al mismo tiempo estoy repitiendo este mantra: "no digas nada, no va a ser bueno". Y así, me he callado opiniones ante afirmaciones "interesantes" de algunas personas, me he aplacado las ganas de besar a alguien, me he guardado mis opiniones frente a injusticias...
Uno de los fenómenos que más me ha llamado la atención en psicología es como las personas impulsivas pueden mostrarse como lo contrario frente al mundo, lo entiendo a la perfección porque yo soy así.
Hay como dos personas en este mundo que entienden cuando estoy enojada, saben diferenciar mi silencio de enojo de mi típico silencio de "estoy muy entretenida pensando en algo". Y ambas personas tienen más o menos facultad para determinar qué fue lo que me enojó. Esas personas saben que voy a hablar hasta que ya me sienta tranquila y la emoción me haya dejado, porque busco ser lo más objetiva y asertiva posible.
Y es que si hablara cuando estoy enojada, probablemente heriría los sentimientos de los demás. Por ello considero una falta de consideración cuando alguien está en un momento difícil y trata mal a otra persona, sobre todo si esta otra persona está tratando de ayudarle.
No es culpa del otro lo que te está pasando, no tenemos por qué desquitarnos con los demás.
Es hiriente e innecesario. Es cierto, a veces necesitamos hacerlo, pero en lo personal, considero que es una grosería y una desconsideración con los demás.
Quizás no todos sean iguales a mí y a algunos otros que podemos controlar nuestros fuertes impulsos, pero tratar de hacerlo es siempre un buen comienzo. Recordemos que los demás también están librando otras batallas de las que no tenemos idea, como para que vengamos a empeorar el día o la vida de esa persona.
domingo, 9 de agosto de 2015
Bitácora: vida de bailarina
Jueves 06 de agosto, 2O15.
Despertar.
Desayunar.
Esperar a hacer la digestión.
Buscar un leotardo de color que me quede porque he engordado mucho para usar los otros y es necesario que lo lleve a mi presentación.
Hacer ejercicio.
Bañarme.
Almorzar.
Darme por vencida y llevar mi leotardo negro porque no encontré el de color.
Esperar a mi mejor amiga para ir al lugar donde será la presentación.
Llega mi mejor amiga y tomamos el bus para irnos.
Caminar más de lo necesario porque el tráfico es muy pesado y si nos quedamos en el bus llegaremos tarde.
Buscar a la persona que nos contrató para que nos lleve a nuestros "camerinos" (más lujosos y seguros que los de la vez anterior).
Saludar a nuestro amigo.
Discutir sobre qué vamos a bailar, porque la presentación salió casi de la nada y habrá que bailar dentro de una fuente MUY SUCIA.
Recordar las variaciones que ya teníamos cuando habíamos bailado en otras fuentes (sí, esta es la cuarta o quinta vez que lo hacemos).
Quedar de acuerdo sobre qué vamos a hacer.
Esperar a que lleguen el resto de bailarines para ponernos de acuerdo.
Decidir cuál ropa que llevamos va a servirnos de vestuario.
Darnos cuenta que no íbamos muy preparados con maquillaje y vestuario. Sí, eso ya es señal de la edad.
Saludar a los otros dos bailarines cuando llegan.
Ponernos de acuerdo con el vestuario.
Ir a ver qué tan grande es la fuente y qué tan sucia está, para ver si vamos a poder cargarnos los unos a los otros ahí adentro.
Determinar el recorrido que haremos, cómo nos dispersaremos, cómo nos meteremos en la fuente.
Tratar de reírse al pensar en cómo nos vamos a ver los que estamos no tan delgados y cómo vamos a evitar caernos en ese piso lleno de musgo.
Evitar pensar que puedo lesionar aún más mi ya esguinzado pie.
Regresar al "camerino".
Maquillarse.
Escuchar las historias de los demás porque teníamos algún tiempo de no bailar juntos: los secretos más lindos, tristes y las experiencias más importantes se conversan en camerinos, ahí nacen conexiones que en otros lugares no.
Cambiarme.
Esperar a que mi amiga se termine de cambiar para que no se quede sola en el baño, porque es peligroso.
Salir y tratar de calentar-estirar en cinco escasos minutos.
Desearnos "mucha mierda" (suerte en lenguaje del artista).
Salir a la calle descalzos y con el corazón contento y bailarín.
Inicia la música y hay que empezar a improvisar: el mundo se vuelve la música, el movimiento, mi mundo de cosas por decir y sentir, y yo.
A lo lejos veo a una personita que ha llegado a verme bailar.
Permito que eso me distraiga un segundo y le guiño un ojo mientras sigo bailando.
Dejo que mi amigo haga la carga de siempre.
Improviso con un colega a quien acabo de conocer.
De a poco, nos adentramos a la fuente.
Casi me caigo por lo ligoso que está el piso dentro de la fuente, eso hace que me duela el pie del esguince.
Inmediatamente entro, me arden los ojos de lo sucia que está el agua.
Pero no me importa.
Algunos nos graban profesionalmente; otros, creo que por curiosidad y algunos otros, con fines no muy adecuados.
Una parte del público disfruta el performance, la otra parte se burla.
A ninguno nos importa.
Estamos en trance, la música nos lleva y nuestra alma la sigue.
Sucia y lo que sea, pero el agua es liberadora.
Pasamos media hora y yo siento que han sido cinco minutos.
Me duele el pie y me arden los ojos, tragué de esa sospechosa agua y lo único que quiero hacer es seguir bailando.
Pero nos indican que ya es hora de terminar.
Hacemos una reverencia al público y nos vamos por donde salimos.
En el camino, comentamos nuestros dolores, las cargadas que salieron y las que no, lo que alcanzaron a escuchar que decía el
Vamos con el corazón contento.
No hay duchas y lugar alguno para bañarnos.
Solo logro ver en el espejo de los mismos baños en los que me cambié que mi maquillaje era bueno, porque no se ha caído del todo.
Veo mis ojos rojos, sé que hoy por la noche tendré una infección: el agua era entre amarilla y gris.
Me seco, me cambio y espero a que mi mejor amiga termine de hacer lo mismo.
Al salir casi todos se han ido, mi amigo nos acompaña a la salida y nos despedimos.
Busco a mi novio entre la multitud y nos encontramos.
Le pregunto en qué lugar ha dejado el carro y dice que hay que llamar a su primo para que él nos lleve a donde está el carro.
Ninguno tiene crédito para hacer llamadas.
Le recuerdo que mi celular hace llamadas a números telefónicos de mi misma compañía telefónica y logramos comunicarnos.
Caminamos unas cuadras hacia arriba pues el lugar está llenísimo y es casi imposible que su primo nos encuentre en ese gentío.
Esperamos.
Mi amiga y yo no aguantamos más: el agua le dio ganas de vomitar y yo estoy desorientada del ver y sentir tanta gente a mi alrededor (no soy fanática de las multitudes).
Llegan por nosotros.
Vamos al lugar donde mi novio dejó su carro y damos las gracias por el aventón.
Mi novio y yo vamos a dejar a mi amiga a su casa.
Vamos a cenar.
Voy al baño del restaurante porque me siento asquerosa: me lavo alrededor de tres veces la cara, los brazos y el cuello; recojo más mi cabello para no verlo ni olerlo; limpio mis pies con una toalla de papel húmeda. Es todo lo que puedo hacer por ahora.
Cenamos.
Me despido de él cuando me viene a dejar a mi casa.
Saludo y me tiro en mi cama.
Muero por ir a bañarme, pero el cansancio me gana y me quedo en la cama un par de horas.
Finalmente, me doy una merecida y gloriosa ducha que se lleva toda esa suciedad.
Me pongo pijamas limpias y me peino.
Ruego que hayan gotas para evitar que me de una infección en los ojos, que cada vez me pican más.
Mi mamá las encuentra y me las pongo.
No puedo mover un centímetro más de mi cuerpo: la danza es uno de los estilos de vida más cansados que existen y experimentarla me hace feliz.
Me voy a dormir con una sonrisa en mi rostro: he bailado hoy, puedo dormir en paz.
Despertar.
Desayunar.
Esperar a hacer la digestión.
Buscar un leotardo de color que me quede porque he engordado mucho para usar los otros y es necesario que lo lleve a mi presentación.
Hacer ejercicio.
Bañarme.
Almorzar.
Darme por vencida y llevar mi leotardo negro porque no encontré el de color.
Esperar a mi mejor amiga para ir al lugar donde será la presentación.
Llega mi mejor amiga y tomamos el bus para irnos.
Caminar más de lo necesario porque el tráfico es muy pesado y si nos quedamos en el bus llegaremos tarde.
Buscar a la persona que nos contrató para que nos lleve a nuestros "camerinos" (más lujosos y seguros que los de la vez anterior).
Saludar a nuestro amigo.
Discutir sobre qué vamos a bailar, porque la presentación salió casi de la nada y habrá que bailar dentro de una fuente MUY SUCIA.
Recordar las variaciones que ya teníamos cuando habíamos bailado en otras fuentes (sí, esta es la cuarta o quinta vez que lo hacemos).
Quedar de acuerdo sobre qué vamos a hacer.
Esperar a que lleguen el resto de bailarines para ponernos de acuerdo.
Decidir cuál ropa que llevamos va a servirnos de vestuario.
Darnos cuenta que no íbamos muy preparados con maquillaje y vestuario. Sí, eso ya es señal de la edad.
Saludar a los otros dos bailarines cuando llegan.
Ponernos de acuerdo con el vestuario.
Ir a ver qué tan grande es la fuente y qué tan sucia está, para ver si vamos a poder cargarnos los unos a los otros ahí adentro.
Determinar el recorrido que haremos, cómo nos dispersaremos, cómo nos meteremos en la fuente.
Tratar de reírse al pensar en cómo nos vamos a ver los que estamos no tan delgados y cómo vamos a evitar caernos en ese piso lleno de musgo.
Evitar pensar que puedo lesionar aún más mi ya esguinzado pie.
Regresar al "camerino".
Maquillarse.
Escuchar las historias de los demás porque teníamos algún tiempo de no bailar juntos: los secretos más lindos, tristes y las experiencias más importantes se conversan en camerinos, ahí nacen conexiones que en otros lugares no.
Cambiarme.
Esperar a que mi amiga se termine de cambiar para que no se quede sola en el baño, porque es peligroso.
Salir y tratar de calentar-estirar en cinco escasos minutos.
Desearnos "mucha mierda" (suerte en lenguaje del artista).
Salir a la calle descalzos y con el corazón contento y bailarín.
Inicia la música y hay que empezar a improvisar: el mundo se vuelve la música, el movimiento, mi mundo de cosas por decir y sentir, y yo.
A lo lejos veo a una personita que ha llegado a verme bailar.
Permito que eso me distraiga un segundo y le guiño un ojo mientras sigo bailando.
Dejo que mi amigo haga la carga de siempre.
Improviso con un colega a quien acabo de conocer.
De a poco, nos adentramos a la fuente.
Casi me caigo por lo ligoso que está el piso dentro de la fuente, eso hace que me duela el pie del esguince.
Inmediatamente entro, me arden los ojos de lo sucia que está el agua.
Pero no me importa.
Algunos nos graban profesionalmente; otros, creo que por curiosidad y algunos otros, con fines no muy adecuados.
Una parte del público disfruta el performance, la otra parte se burla.
A ninguno nos importa.
Estamos en trance, la música nos lleva y nuestra alma la sigue.
Sucia y lo que sea, pero el agua es liberadora.
Pasamos media hora y yo siento que han sido cinco minutos.
Me duele el pie y me arden los ojos, tragué de esa sospechosa agua y lo único que quiero hacer es seguir bailando.
Pero nos indican que ya es hora de terminar.
Hacemos una reverencia al público y nos vamos por donde salimos.
En el camino, comentamos nuestros dolores, las cargadas que salieron y las que no, lo que alcanzaron a escuchar que decía el
Vamos con el corazón contento.
No hay duchas y lugar alguno para bañarnos.
Solo logro ver en el espejo de los mismos baños en los que me cambié que mi maquillaje era bueno, porque no se ha caído del todo.
Veo mis ojos rojos, sé que hoy por la noche tendré una infección: el agua era entre amarilla y gris.
Me seco, me cambio y espero a que mi mejor amiga termine de hacer lo mismo.
Al salir casi todos se han ido, mi amigo nos acompaña a la salida y nos despedimos.
Busco a mi novio entre la multitud y nos encontramos.
Le pregunto en qué lugar ha dejado el carro y dice que hay que llamar a su primo para que él nos lleve a donde está el carro.
Ninguno tiene crédito para hacer llamadas.
Le recuerdo que mi celular hace llamadas a números telefónicos de mi misma compañía telefónica y logramos comunicarnos.
Caminamos unas cuadras hacia arriba pues el lugar está llenísimo y es casi imposible que su primo nos encuentre en ese gentío.
Esperamos.
Mi amiga y yo no aguantamos más: el agua le dio ganas de vomitar y yo estoy desorientada del ver y sentir tanta gente a mi alrededor (no soy fanática de las multitudes).
Llegan por nosotros.
Vamos al lugar donde mi novio dejó su carro y damos las gracias por el aventón.
Mi novio y yo vamos a dejar a mi amiga a su casa.
Vamos a cenar.
Voy al baño del restaurante porque me siento asquerosa: me lavo alrededor de tres veces la cara, los brazos y el cuello; recojo más mi cabello para no verlo ni olerlo; limpio mis pies con una toalla de papel húmeda. Es todo lo que puedo hacer por ahora.
Cenamos.
Me despido de él cuando me viene a dejar a mi casa.
Saludo y me tiro en mi cama.
Muero por ir a bañarme, pero el cansancio me gana y me quedo en la cama un par de horas.
Finalmente, me doy una merecida y gloriosa ducha que se lleva toda esa suciedad.
Me pongo pijamas limpias y me peino.
Ruego que hayan gotas para evitar que me de una infección en los ojos, que cada vez me pican más.
Mi mamá las encuentra y me las pongo.
No puedo mover un centímetro más de mi cuerpo: la danza es uno de los estilos de vida más cansados que existen y experimentarla me hace feliz.
Me voy a dormir con una sonrisa en mi rostro: he bailado hoy, puedo dormir en paz.
miércoles, 5 de agosto de 2015
Bitácora: vida de bailarina (casi)
Viernes 31 de julio de 2O15.
Clase de danza por la mañana.
Ir a casa a comer y cambiarme.
Tomar el bus para llegar al lugar de la presentación.
Esperar a que todos lleguen.
Instalarse en "los camerinos" (Un patio atrás de un museo).
Decirle a mi maestro que no bailaré, solo ayudaré a pintar a los demás.
Ir por un café al restaurante del museo mientras los que no han comido almuerzan.
Hablar y hablar con mis amigas mientras tomamos nuestras bebidas.
Apresurar a mis amigas para que regresemos pronto.
Cambiarme para ayudar a pintar.
Pintar a quien esté libre (sí, fue un performance con bodypaint)
Seguir de pie pintando a quien este libre.
Hablar y hablar y hablar mientras sigo pintando.
Responder a la pregunta de por qué no bailaré ese día.
Seguir pintando.
Pintar más de prisa porque ya nos agarró la tarde.
Ignorar que tengo ganas de ir al baño desde hace horas.
Guardar los celulares de todos, porque el camerino no es tan exclusivo y no hay luz.
Escoltar a una bailarina.
Esperar a que empiece el performance.
Querer estar bailando con todos ellos.
Regresar al camerino.
Ayudar a una amiga a la que se le metió un vidrio en el pie porque el piso del camerino es de cemento y hay todo tipo de materiales de construcción ahí atrás.
Esperar a que todos terminen de bañarse y quitarse la pintura con una sola manguera en la oscuridad.
Querer estar en el relajo que todos hacen cuando se están bañando y tratando de sacarse la pintura del cabello, porque están hablando de cómo les fue en el performance y qué les pasó mientras bailaban.
Dar a cada quién su teléfono.
Quedarme sentada porque aunque no bailé, pasé parada pintando y me duelen los pies como el infierno.
Ver las estrellas tirada en el suelo mientras todos terminan.
Contestar teléfonos de mis amigas porque no se apresuran a terminar de bañarse.
Dejar que todos se vayan porque no van a alcanzar el último bus en la noche si se quedan esperando a que mis amigas terminen de cambiarse.
Quedarme sola en un museo en la noche con mi mejor amiga.
Verme forzada a entrar al restaurante del museo y comprar porque necesito ir al baño.
Ordenar un postre.
Ir al baño.
Salir del baño.
Sentarme (gloriosamente) mientras mi amiga va al baño.
Recibir un café de cortesía (probablemente porque recuerdan que mi amiga y yo les visitamos por la tarde con otras amigas y no nos callábamos ni nos molestamos en hablar bajo).
Tener la esperanza de que mi amiga se apresure en el baño porque ya casi llegan por nosotras.
Contestar mi celular y decirle a mi amiga que ya llegaron por nosotras.
Pagar la cuenta apresuradamente y dejar el café de cortesía con toda la pena del mundo.
Correr por nuestras vidas al carro.
Descubrir con toda le vergüenza del mundo que hicimos esperar mucho a mi novio y su mamá, que amablemente nos fueron a traer.
Acompañarles al súpermercado.
Comer (con aún más vergüenza) la comida que la mamá de mi novio nos compró en el supermercado porque nos ve la cara de exhaustas y hambrientas.
Dejar a mi amiga en su casa.
Despedirme de mi novio y su mamá y agradecerles el ir por nosotras cuando nadie más lo quiso hacer.
Llegar a casa.
Bañarme y ponerme pijama.
Recordar cuánto extrañaba estas andanzas.
¡Cómo te extrañaba, amada danza!
Ser feliz.
Clase de danza por la mañana.
Ir a casa a comer y cambiarme.
Tomar el bus para llegar al lugar de la presentación.
Esperar a que todos lleguen.
Instalarse en "los camerinos" (Un patio atrás de un museo).
Decirle a mi maestro que no bailaré, solo ayudaré a pintar a los demás.
Ir por un café al restaurante del museo mientras los que no han comido almuerzan.
Hablar y hablar con mis amigas mientras tomamos nuestras bebidas.
Apresurar a mis amigas para que regresemos pronto.
Cambiarme para ayudar a pintar.
Pintar a quien esté libre (sí, fue un performance con bodypaint)
Seguir de pie pintando a quien este libre.
Hablar y hablar y hablar mientras sigo pintando.
Responder a la pregunta de por qué no bailaré ese día.
Seguir pintando.
Pintar más de prisa porque ya nos agarró la tarde.
Ignorar que tengo ganas de ir al baño desde hace horas.
Guardar los celulares de todos, porque el camerino no es tan exclusivo y no hay luz.
Escoltar a una bailarina.
Esperar a que empiece el performance.
Querer estar bailando con todos ellos.
Regresar al camerino.
Ayudar a una amiga a la que se le metió un vidrio en el pie porque el piso del camerino es de cemento y hay todo tipo de materiales de construcción ahí atrás.
Esperar a que todos terminen de bañarse y quitarse la pintura con una sola manguera en la oscuridad.
Querer estar en el relajo que todos hacen cuando se están bañando y tratando de sacarse la pintura del cabello, porque están hablando de cómo les fue en el performance y qué les pasó mientras bailaban.
Dar a cada quién su teléfono.
Quedarme sentada porque aunque no bailé, pasé parada pintando y me duelen los pies como el infierno.
Ver las estrellas tirada en el suelo mientras todos terminan.
Contestar teléfonos de mis amigas porque no se apresuran a terminar de bañarse.
Dejar que todos se vayan porque no van a alcanzar el último bus en la noche si se quedan esperando a que mis amigas terminen de cambiarse.
Quedarme sola en un museo en la noche con mi mejor amiga.
Verme forzada a entrar al restaurante del museo y comprar porque necesito ir al baño.
Ordenar un postre.
Ir al baño.
Salir del baño.
Sentarme (gloriosamente) mientras mi amiga va al baño.
Recibir un café de cortesía (probablemente porque recuerdan que mi amiga y yo les visitamos por la tarde con otras amigas y no nos callábamos ni nos molestamos en hablar bajo).
Tener la esperanza de que mi amiga se apresure en el baño porque ya casi llegan por nosotras.
Contestar mi celular y decirle a mi amiga que ya llegaron por nosotras.
Pagar la cuenta apresuradamente y dejar el café de cortesía con toda la pena del mundo.
Correr por nuestras vidas al carro.
Descubrir con toda le vergüenza del mundo que hicimos esperar mucho a mi novio y su mamá, que amablemente nos fueron a traer.
Acompañarles al súpermercado.
Comer (con aún más vergüenza) la comida que la mamá de mi novio nos compró en el supermercado porque nos ve la cara de exhaustas y hambrientas.
Dejar a mi amiga en su casa.
Despedirme de mi novio y su mamá y agradecerles el ir por nosotras cuando nadie más lo quiso hacer.
Llegar a casa.
Bañarme y ponerme pijama.
Recordar cuánto extrañaba estas andanzas.
¡Cómo te extrañaba, amada danza!
Ser feliz.
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