domingo, 9 de agosto de 2015

Bitácora: vida de bailarina

Jueves 06 de agosto, 2O15.
Despertar.
Desayunar.
Esperar a hacer la digestión.
Buscar un leotardo de color que me quede porque he engordado mucho para usar los otros y es necesario que lo lleve a mi presentación.
Hacer ejercicio.
Bañarme.
Almorzar.
Darme por vencida y llevar mi leotardo negro porque no encontré el de color.
Esperar a mi mejor amiga para ir al lugar donde será la presentación.
Llega mi mejor amiga y tomamos el bus para irnos.
Caminar más de lo necesario porque el tráfico es muy pesado y si nos quedamos en el bus llegaremos tarde.
Buscar a la persona que nos contrató para que nos lleve a nuestros "camerinos" (más lujosos y seguros que los de la vez anterior).
Saludar a nuestro amigo.
Discutir sobre qué vamos a bailar, porque la presentación salió casi de la nada y habrá que bailar dentro de una fuente MUY SUCIA.
Recordar las variaciones que ya teníamos cuando habíamos bailado en otras fuentes (sí, esta es la cuarta o quinta vez que lo hacemos).
Quedar de acuerdo sobre qué vamos a hacer.
Esperar a que lleguen el resto de bailarines para ponernos de acuerdo.
Decidir cuál ropa que llevamos va a servirnos de vestuario.
Darnos cuenta que no íbamos muy preparados con maquillaje y vestuario. Sí, eso ya es señal de la edad.
Saludar a los otros dos bailarines cuando llegan.
Ponernos de acuerdo con el vestuario.
Ir a ver qué tan grande es la fuente y qué tan sucia está, para ver si vamos a poder cargarnos los unos a los otros ahí adentro.
Determinar el recorrido que haremos, cómo nos dispersaremos, cómo nos meteremos en la fuente.
Tratar de reírse al pensar en cómo nos vamos a ver los que estamos no tan delgados y cómo vamos a evitar caernos en ese piso lleno de musgo.
Evitar pensar que puedo lesionar aún más mi ya esguinzado pie.
Regresar al "camerino".
Maquillarse.
Escuchar las historias de los demás porque teníamos algún tiempo de no bailar juntos: los secretos más lindos, tristes y las experiencias más importantes se conversan en camerinos, ahí nacen conexiones que en otros lugares no.
Cambiarme.
Esperar a que mi amiga se termine de cambiar para que no se quede sola en el baño, porque es peligroso.
Salir y tratar de calentar-estirar en cinco escasos minutos.
Desearnos "mucha mierda" (suerte en lenguaje del artista).
Salir a la calle descalzos y con el corazón contento y bailarín.
Inicia la música y hay que empezar a improvisar: el mundo se vuelve la música, el movimiento, mi mundo de cosas por decir y sentir, y yo.
A lo lejos veo a una personita que ha llegado a verme bailar.
Permito que eso me distraiga un segundo y le guiño un ojo mientras sigo bailando.
Dejo que mi amigo haga la carga de siempre.
Improviso con un colega a quien acabo de conocer.
De a poco, nos adentramos a la fuente.
Casi me caigo por lo ligoso que está el piso dentro de la fuente, eso hace que me duela el pie del esguince.
Inmediatamente entro, me arden los ojos de lo sucia que está el agua.
Pero no me importa.
Algunos nos graban profesionalmente; otros, creo que por curiosidad y algunos otros, con fines no muy adecuados.
Una parte del público disfruta el performance, la otra parte se burla.
A ninguno nos importa.
Estamos en trance, la música nos lleva y nuestra alma la sigue.
Sucia y lo que sea, pero el agua es liberadora.
Pasamos media hora y yo siento que han sido cinco minutos.
Me duele el pie y me arden los ojos, tragué de esa sospechosa agua y lo único que quiero hacer es seguir bailando.
Pero nos indican que ya es hora de terminar.
Hacemos una reverencia al público y nos vamos por donde salimos.
En el camino, comentamos nuestros dolores, las cargadas que salieron y las que no, lo que alcanzaron a escuchar que decía el
Vamos con el corazón contento.
No hay duchas y lugar alguno para bañarnos.
Solo logro ver en el espejo de los mismos baños en los que me cambié que mi maquillaje era bueno, porque no se ha caído del todo.
Veo mis ojos rojos, sé que hoy por la noche tendré una infección: el agua era entre amarilla y gris.
Me seco, me cambio y espero a que mi mejor amiga termine de hacer lo mismo.
Al salir casi todos se han ido, mi amigo nos acompaña a la salida y nos despedimos.
Busco a mi novio entre la multitud y nos encontramos.
Le pregunto en qué lugar ha dejado el carro y dice que hay que llamar a su primo para que él nos lleve a donde está el carro.
Ninguno tiene crédito para hacer llamadas.
Le recuerdo que mi celular hace llamadas a números telefónicos de mi misma compañía telefónica y logramos comunicarnos.
Caminamos unas cuadras hacia arriba pues el lugar está llenísimo y es casi imposible que su primo nos encuentre en ese gentío.
Esperamos.
Mi amiga y yo no aguantamos más: el agua le dio ganas de vomitar y yo estoy desorientada del ver y sentir tanta gente a mi alrededor (no soy fanática de las multitudes).
Llegan por nosotros.
Vamos al lugar donde mi novio dejó su carro y damos las gracias por el aventón.
Mi novio y yo vamos a dejar a mi amiga a su casa.
Vamos a cenar.
Voy al baño del restaurante porque me siento asquerosa: me lavo alrededor de tres veces la cara, los brazos y el cuello; recojo más mi cabello para no verlo ni olerlo; limpio mis pies con una toalla de papel húmeda. Es todo lo que puedo hacer por ahora.
Cenamos.
Me despido de él cuando me viene a dejar a mi casa.
Saludo y me tiro en mi cama.
Muero por ir a bañarme, pero el cansancio me gana y me quedo en la cama un par de horas.
Finalmente, me doy una merecida y gloriosa ducha que se lleva toda esa suciedad.
Me pongo pijamas limpias y me peino.
Ruego que hayan gotas para evitar que me de una infección en los ojos, que cada vez me pican más.
Mi mamá las encuentra y me las pongo.
No puedo mover un centímetro más de mi cuerpo: la danza es uno de los estilos de vida más cansados que existen y experimentarla me hace feliz.
Me voy a dormir con una sonrisa en mi rostro: he bailado hoy, puedo dormir en paz.

No hay comentarios:

Publicar un comentario