Hay un montón de modas actualmente, muchas de ellas son molestas, pero en este apartado me dedico especialmente a una: el feminismo como moda.
Mi bello país, suele ser educado para el fanatismo: amamos idolatrar algo solo porque sí y ante cualquier crítica a ese algo que amamos, todos se exasperan y se molestan, sin detenerse cinco segundos a considerar y analizar la crítica que ha sido hecha.
Y así, tenemos que de un día al otro, está de moda ser feminista e ir contra el machismo. No me malentiendan; me alegro que el feminismo se expanda y las personas sean más conscientes de la cultura patriarcal salvadoreña y latina; pero lo triste es que la mayoría de personas que critican el machismo y se autoproclaman como feministas suelen no saber qué responder a dos preguntas sencillas: ¿qué es el machismo? ¿qué es el feminismo?
Y confunden estos conceptos importantes, creyendo que el machismo es algo que los hombres hacen para molestar a las mujeres a propósito y que el feminismo consiste básicamente en proclamar a las mujeres como lo mejor de este mundo y menospreciar a los hombres.
Es triste que las personas no logren entender que el machismo es un sistema de pensamiento, de acciones perpetuado a través de la cultura, que es tan sutil que es poco visible la mayor parte del tiempo. Estas, suelen ser las mismas personas que no saben que el feminismo pugna por la equidad de género, que logra aceptar como iguales a todos los géneros.
Así, he encontrado por el internet personas que se denominan "feministas" pero que etiquetan de "zorra" a otra mujer por usar una falda corta; que insiste en que un grupo conformado solo por mujeres es un grupo de mujeres "solas" y que considera graciosas las imágenes llenas de micromachismos, porque son incapaces de verlos.
No suelo criticar tanto sin proponer; mi propuesta es: INFORMÉMONOS. Aprendamos a cuestionar las situaciones y fenómenos que damos por sentado, busquemos educarnos a nosotros mismos.
La imagen es un breve ejemplo de un micromachismo: ¿por qué un hombre asustado de los números y las matemáticas es igual a una mujer? ¿por qué un hombre que no quiso estudiar ingeniería es igual a una mujer? ¿por qué se asume que la mujer SIEMPRE va a tener miedo de las matemáticas y los números? Suena exagerado, pero este tipo de pensamiento es el que hace que las personas etiqueten con un acento peyorativo a las mujeres que estudian ingeniería como "machas" y a los hombres que hacen artes como "maricas".
domingo, 24 de abril de 2016
sábado, 23 de abril de 2016
Fue hoy
A veces, las personas dicen que si hubieran sabido que la última vez que iban a ver a una persona iba a ser la última, le habrían dicho todas las cosas que pudieron; le recordarían que los amaban y que los van a extrañar mucho.
Pues yo me adelanté.
En el momento en que entendí que todo había acabado, dije que todo lo que pude, todo lo que sentía. Porque sabía que cuando te viera la última vez, no iba a poder decirte todas esas cosas.
Y aún así, siento que me quedó demasiado por decir.
No me arrepiento de nada. Yo soy yo y tu sos tú. Necios, insistentes y quizás egoístas.
Aún con mi abominable forma de ser, pude amarte hasta límites que no conocía y tú me amaste por la mayoría del tiempo casi de la misma forma.
Gracias por las andanzas, ojos lindos.
Fueron buenas aventuras, descubrí el mundo y me descubrí a mí misma a tu lado.
Siempre creí que ibas a ser mi compañero de aventuras permanente y parece que solo fuimos una parada, una estación en la vida del otro. Y está bien: ¡cuánto te disfrute!.
Fue hoy la última vez que pude abrazarte como si no me importara nada más en el mundo, fue tristemente sublime saber que los brazos que me sostenían mientras lloraba eran los únicos que podían curar mis males y que simultáneamente, eran la causa de los mismos.
Me embriagué con tu aroma lo más que pude, me hipnoticé una última vez en tus ojos, total, era la última vez que lo tenía permitido; disfrute por última vez la sensación de tu piel contra la mía, recorrí mi mano por tu cabello como siempre lo hice y te besé aunque fuera triste y no me importó, tenía que hacerlo una última vez.
Te animé, te recordé que te amo y que vas a estar bien, que quizás algún día en la vida nos encontremos como amigos.
Ambos nos deleitamos en la dulce tristeza de saber que era la última vez.
Caminamos de la mano, me cargaste, no me soltaste en todo el camino, redujimos la marcha cuando estábamos cerca de mi destino.
Nos separamos abrazándonos, con un beso, sosteniendo la mano del otro hasta que la distancia las separó.
Te observé irte por última vez y volviste a verme. Fue tierno.
Fue lo último.
Fue hoy.
Pues yo me adelanté.
En el momento en que entendí que todo había acabado, dije que todo lo que pude, todo lo que sentía. Porque sabía que cuando te viera la última vez, no iba a poder decirte todas esas cosas.
Y aún así, siento que me quedó demasiado por decir.
No me arrepiento de nada. Yo soy yo y tu sos tú. Necios, insistentes y quizás egoístas.
Aún con mi abominable forma de ser, pude amarte hasta límites que no conocía y tú me amaste por la mayoría del tiempo casi de la misma forma.
Gracias por las andanzas, ojos lindos.
Fueron buenas aventuras, descubrí el mundo y me descubrí a mí misma a tu lado.
Siempre creí que ibas a ser mi compañero de aventuras permanente y parece que solo fuimos una parada, una estación en la vida del otro. Y está bien: ¡cuánto te disfrute!.
Fue hoy la última vez que pude abrazarte como si no me importara nada más en el mundo, fue tristemente sublime saber que los brazos que me sostenían mientras lloraba eran los únicos que podían curar mis males y que simultáneamente, eran la causa de los mismos.
Me embriagué con tu aroma lo más que pude, me hipnoticé una última vez en tus ojos, total, era la última vez que lo tenía permitido; disfrute por última vez la sensación de tu piel contra la mía, recorrí mi mano por tu cabello como siempre lo hice y te besé aunque fuera triste y no me importó, tenía que hacerlo una última vez.
Te animé, te recordé que te amo y que vas a estar bien, que quizás algún día en la vida nos encontremos como amigos.
Ambos nos deleitamos en la dulce tristeza de saber que era la última vez.
Caminamos de la mano, me cargaste, no me soltaste en todo el camino, redujimos la marcha cuando estábamos cerca de mi destino.
Nos separamos abrazándonos, con un beso, sosteniendo la mano del otro hasta que la distancia las separó.
Te observé irte por última vez y volviste a verme. Fue tierno.
Fue lo último.
Fue hoy.
jueves, 21 de abril de 2016
Ya.
¡Cómo te voy a extrañar!
No ha pasado ni un día y ya me duele imaginarme sin mirar tus ojos, sin oír tu voz...
Ya extraño tu aroma y ansío recorrer mi mano por tu cabello una vez más
Va a ser difícil olvidar como se sentía mi piel sobre la tuya
Y se me rompe el corazón al saber que tus labios ya no van a volver a formar una sonrisa sobre los míos
Que ya no van a tocar con adoración mi mano
Pero he de reconocer que no estás, que te has ido y que te fuiste desde antes que yo me diera cuenta
Todo se había ido al carajo y yo estaba ciega, incapaz de poder visualizarlo.
Fui tuya así como fuiste mío.
Y aún me cuesta entender que ya desde hace mucho no sos mío, que no importa lo que haga, yo sigo siendo tuya y a vos ya no te importa.
Aunque siempre vamos a ser del otro, ya jamás como antes, pero nos llevamos los buenos momentos y las lecciones aprendidas del otro.
Se quedan conmigo los momentos de euforia y libertad a tu lado, más demasiadas otras cosas que no caben en este espacio y que aún pesan en mi alma.
Gracias por las andanzas, amor mío. Gracias por los momentos que hicieron que la tristeza de estos meses valiera la pena, porque por un largo tiempo, valieron la alegría.
No ha pasado ni un día y ya me duele imaginarme sin mirar tus ojos, sin oír tu voz...
Ya extraño tu aroma y ansío recorrer mi mano por tu cabello una vez más
Va a ser difícil olvidar como se sentía mi piel sobre la tuya
Y se me rompe el corazón al saber que tus labios ya no van a volver a formar una sonrisa sobre los míos
Que ya no van a tocar con adoración mi mano
Pero he de reconocer que no estás, que te has ido y que te fuiste desde antes que yo me diera cuenta
Todo se había ido al carajo y yo estaba ciega, incapaz de poder visualizarlo.
Fui tuya así como fuiste mío.
Y aún me cuesta entender que ya desde hace mucho no sos mío, que no importa lo que haga, yo sigo siendo tuya y a vos ya no te importa.
Aunque siempre vamos a ser del otro, ya jamás como antes, pero nos llevamos los buenos momentos y las lecciones aprendidas del otro.
Se quedan conmigo los momentos de euforia y libertad a tu lado, más demasiadas otras cosas que no caben en este espacio y que aún pesan en mi alma.
Gracias por las andanzas, amor mío. Gracias por los momentos que hicieron que la tristeza de estos meses valiera la pena, porque por un largo tiempo, valieron la alegría.
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