lunes, 27 de julio de 2015

La ficción sí copia a la realidad

¿Han leído a Edgar Allan Poe?
Se los recomiendo.

¿Han visto alguna película de Quentin Tarantino?
También se los recomiendo.

Si ya han realizado alguna de esas cosas, sabrán que en el primer caso, el escritor suele añadir cierto suspenso y trata de introducir cierta sensación de miedo al lector. Por otro lado, el famoso director de cine suele mostrar en demasía formas creativas para matar personas.

¿Y qué tiene que ver una cosa con la otra dirán?
Se dice en ocasiones que la fantasía imita a la realidad, que a veces no es más que una leve hipérbole de esta. 
Bueno, mi pequeño país sería el paraíso de la inspiración para Poe y Tarantino.

Aquí no solo se conforman con asesinar a más de 10 personas diariamente (según cifras oficiales), sino que se encargan de que sea de la manera más tortuosa, humillante y pública posible. La víctima se podría considerar afortunada si la matan de un disparo único y limpio y dejan su cadáver completo cerca de la civilización.

Lo más común es que lo tiren a un barranco, o que existan diversos golpes o heridas hechas con armas cortopunzantes en las víctimas. Si son mujeres lo más probable es que antes de todo eso hayan sido violadas. 

Recuerdo la primera vez que leí El Diario de Ana Frank. No podía terminar de asimilar como lo que Ana narraba era verdad. Parecía una fantasía. Recuerdo que tuve una sensación más sombría cuando aprendí sobre la noche de los cuchillos largos, o la noche de los cristales rotos, o la matanza de Tlatelolco. Todo me parecía casi irreal. 

Ni hablar de cuando leía sobre los cementerios clandestinos. El imaginar como despedazan a esas personas y entierran sus partes en lugares distantes para mí, sigue siendo terrorífico. 

Mi país es terrorífico.
Salimos a las calles con la paranoia en el cuerpo y en la mente, solo para volver a casa y vivir esa misma paranoia dentro de cuatro paredes.
No sé cuándo ni cómo va a terminar todos los malos sucesos que le pasan a El Salvador.
Lo único que sé, es que cuando quieran una película o un libro de terror, bien podrían leer alguna que otra noticia sobre el pulgarcito de América y les prometo que tendrá el mismo efecto. 

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