Mi pecho está pesado. Inundado.
Lleno de ansiedad.
Con el tiempo he aprendido a reconocer cada vez que esa ansiedad me llena el pecho, el alma.
Cinco meses después y le sigo pensando.
No sé si aún lo amo, porque no podés amar en quien no confias.
Pero sin dudas aún lo quiero. Todavía lo pienso, a diario.
Pienso en su piel, en sus ojos (más infinitos que los de aquella del poema 20 de Neruda).
Recuerdo diariamente su tacto, la calma que me traía dormir a su lado, la tranquilidad que me brindaba su tacto.
Ni hablar de la lujuria.
Unos dicen que no es a él a quien extraño, si no a misma. Dicen que extraño verme llena de locura, que extraño estallar de felicidad (de nuevo, también de lujuria), que extraño verme como un ente de sensualidad, que me hace falta verme llena de valentía.
Quizás tengan razón, pero esa persona sigue en mi.
Es hasta estos últimos tiempos que he logrado maravillarme conmigo misma.
Me he demostrado mi fortaleza, mi resiliencia, mi tolerancia, mi voluntad de servir a otros, mi pasión, mi compromiso y mi capacisad de actuar aún cuando los demás se apagan.
Pero hay momentos donde sigue siendo difícil.
Son segundos, minutos, horas, días y a veces se vuelven semanas.
Entonces vuelvo a odiarme por ser débil, por quererlo aún cuando sé que el no me ama, por detenerme siquiera a contemplar la idea de buscarlo, de esperarlo.
Pero esta es la vida real. Jamás voy a volver a verlo y aún, escribir esto se me hace difícil. En algún lugar escuché que la esperanza trae la miseria eterna. En este caso es así.
Mi amor por él fue tan ciego, que una parte mía sigue creyendo que nos volveremos a encontrar. Aún cuando mi yo realista y pragmático sabe que eso es imposible. Aún así, una parte mía sigue teniendo esperanza de que un día va a volver a mi.
Quiero soltar, pero no puedo. Y a la vez , ya no puedo llevar esta carga.
Cinco meses y aún lloro. Cinco meses y aún siento un nudo en mi garganta. Cinco meses y aún somatizo con ansiedad en el pecho. Cinco meses y aún me siento sola. No porque de verdad lo esté, sino porque aún duele su ausencia.
Desesperadamente, quiero volver a tenerme. Necesito tenerme de regreso. Necesito volver a mí. Volver a regodearme en mi soledad, reaprender a amarla.
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