Siento que no sé, no sé nada:
la vida definitivamente no es lo que era,
él no es quien yo pensaba,
el amor no es como yo creía,
la representación y vivencia que tenía de la tristeza hasta este momento es ridícula y risible comparado con lo que siento
y, ciertamente, yo no soy quien creía.
Estoy triste, vivo un duelo; pero muy dentro de mí soy feliz.
Y es que soy feliz porque sé que fue lo mejor.
También porque ahora me sé más fuerte
porque he recordado que estamos solos en esta vida y que es maravilloso ser tu propio mejor amigo.
Me abrazo y me consuelo en las madrugadas en las que le pienso y extraño
y entonces recuerdo que viví antes de él y que lo seguiré haciendo.
Me emociona que ya haya pasado el tiempo,
me alegro con la idea de que los días pasen
y se hagan semanas y se vuelvan meses...
y es que el tiempo se ha vuelto también mi amigo:
a veces nos peleamos porque no pasa tan rápido como yo quiero
pero me reconcilio con él cuando siento como me cura el ser.
Y aunque esté triste, ese ser es feliz.
No, en estos momentos, ser no es igual a estar.
Estoy triste, por ahora, por un tiempo, aunque a veces se sienta infinito... pero soy feliz.
Porque para distraerme del dolor me entretengo en las pequeñas insignificancias de la vida,
porque sigo siendo yo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario