domingo, 5 de junio de 2016

Día de lluvia.

Domingo. Llueve.
En mi mente es una combinación perfecta para recordarte.
Y es una excusa: no importa el día o el suceso, siempre hay algo que te trae de vuelta a mi cabeza.
Procuro no obsesionarme, dejo que tu recuerdo llegue a mi mente y luego me enfoco en algo más.

Hoy salí a uno de mis lugares favoritos con algunas de mis personas favoritas.
A lo largo del día, no dejaba de pensar cómo solías tomar mi mano, como solías hablarme, como me dejabas dormir en tu hombro mientras me abrazabas, como cuidabas de mí a donde sea que fuéramos.
Fue un día de eterna nostalgia.
Creí estar triste, pero me mentí, al parecer solo era nostalgia.

Me sorprendí a mí misma sonriendo al pensar en los buenos recuerdos,
al sentirlos como algo precioso, pero lejano. Los sentí parte de mi, de mi historia, pero no los sentí como parte del yo que soy ahora.
Me emocioné de ver cómo había pasado el tiempo y me tomó por sorpresa el hecho de que aunque tuviera tu recuerdo en todo el día, no podía evocarlo con claridad.
Tus rostro se desdibujaba en mi mente, la sensación de tu piel, el recuerdo de tu aroma son cosas que me costaba recordar, que fueron casi imposibles de recordar.
Se sintió bien, porque te sentí un poco más lejos y me sentí más mía.
Quizá haya una posibilidad de que mi mente no te recuerde bien porque es muy doloroso..
Aunque conociéndome bien, me inclino más por la versión que me dice que estoy mejor.

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