domingo, 10 de septiembre de 2023

Castillo

 He perdido la cuenta de las veces que he llorado hasta quedarme dormida.

Abrazo una almohada y lloro quedito, porque no me gusta que nadie sepa cómo me siento. 

Abrazo una almohada, deseando que fuera alguien que me pudiera abrazar y decirme que todo está bien.

Soy fuerte. 

Ya no vienen los ataques de no querer vivir. 

Hoy, por suerte, solo me invaden los tsunamis de tristeza.


Me aflijo, porque he aprendido a amar mi soledad. Es un sinónimo de control y de paz.

Creo que me hicieron tanto daño, que ya no dejo que nadie me vea. Ya no permito que haya gente incondicional a mi alrededor. Así, si se van, el dolor no va a ser tan grande. 

Pero esa no es mi naturaleza. 

Yo amo con todo lo que tengo, yo me entrego a los demás y me ha sido imposible hacerlo desde hace unos años.


Que triste, que la vida me ha llevado a no confiar, a no querer entregarme.

Es antinatural para mi.

Pero debo protegerme. No soporto más pérdidas, ni más daño. 


Quiero ser incondicional, pero tengo pánico de lo que eso implica.


Me siento perdida y confundida.


Después de que me rompieran en pedazos, hice un castillo.

Construí un castillo precioso, que la gente admira de lejos, porque está construido para que nadie entre.


Es un castillo admirable, lleno de libros y jardincitos lindos, pero solo habito yo en él. Nadie tiene permitido entrar a mi castillo.


A veces quisiera que fuera una casa abierta, pero los castillos son fortalezas, no casas. 


En mi castillo, soy su feliz habitante, su eterna prisionera y constante dragón guardián. 


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