A mi no me pasa solo en el amor romántico.
Creo que mi destino fue ser la hija de mis padres, la nieta de mi abuela, la mujer que estoy construyendo.
Pero, más que nada, creo que el destino me regaló a mis amigas.
La vida supo que yo siempre quise una hermana y me regaló varias con el paso del tiempo.
Ellas son mis personas.
Ellas son mi familia.
Hoy, de repente, sentí el amor inmenso y la conexión tan fuerte que siento con una de ellas.
Me conmovió y me llenó de lágrimas felices el saber que la tengo de por vida.
La vida me regaló a esa amiga, con quien solo puedo existir, como siempre lo necesito.
Donde ser yo no se siente molesto o pesado.
Donde ser yo no me da ansiedad, porque soy aceptada, querida y celebrada.
A ella, nunca le tengo que explicar cómo me siento, porque siempre lo sabe.
Que regalo más lindo me dieron, hace 14 años, una hermana, la que siempre quise.
La que sé que me quiere tanto como yo a ella.
La que sé que me extraña tanto como yo a ella.
La que sé que me quiere de la misma manera en que yo a ella.
La que, cuando estemos lejos, voy a contarle todo, como si un día no ha pasado.
La que sé que la distancia no me va a quitar ¡Y qué dicha saberlo de antemano!
Pocas cosas, considero yo, estaban destinadas a ser.
Nuestra amistad es una de esas.
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