Mi océano en calma,
los ojos adorados.
El alma que me encuentra,
la mano que me espera.
Su nombre es corto y práctico, como él.
Su presencia es poderosa, pero tranquila.
Es por eso que me envuelve,
su contradicción es fuertemente dulce.
Caí, sigo cayendo felizmente.
Verlo suena a un feliz y cómodo silencio,
mientras hace que mi niña interna ría, baile y hasta cante.
¡Cantar! ¡Yo!
Se atreve a hacerme cantar,
solo en su presencia me atrevo.
Es el único que lo logra.
No sé si alma de mi alma,
pero dulce corazón mío,
dueño de mi ternura:
Te amo se siente como poco.
Y siempre se siente forzado.
Te adoro, entonces, en lo eterno, serenidad.
Que tus ojos me sigan sosteniendo,
que tus labios me insolenten,
que tu ser me acompañe.
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