martes, 25 de octubre de 2016

Reflexiones a las 2 am.

Es ese punto de la madrugada donde no es tan tarde que es temprano,
pero tampoco es solo noche.
Estoy sola en la oscuridad.
Es una noche de Octubre, de los octubres correctos en mi país,
un octubre que no se vivía desde hace mucho:
El cielo está despejado, hay una reconfortante brisa familiar, hay un silencio acogedor.
Veo la bóveda abierta por entre las ramas de mi árbol:
cuelgan, pendientes y preciosas en la noche, las estrellas.
Son el espectáculo que no me esperaba.
Y, si te fijas detenidamente, hay más estrellas, que quizá brillen un poco menos que las que destacan a primera vista, pero no por eso dejan de imponer presencia.

Ya no estoy sola en esta noche, me acompañan ellas.
Me detengo a hacer algo:
A contemplarlas,
A admirarlas,
A respirar esta noche que es especial,
A recordarme que yo decido que es especial
A impregnarme de la belleza de esta madrugada,
A desear que sea eterna,


Y pasa por mi cabeza que este es un momento especial.
Y que quisiera compartirlo con alguien, pero estoy sola,
Sola con las estrellas, porque el satélite que suele inundar la noche de luz ha decidido desaparecer hoy, dejando a unas pequeñas y capaces sustitutas:
les ha dejado brillar por hoy.

Me doy cuenta que ya no quiero compartir este momento,
Es mío.
Me lleno de fuerzas,
Las estrellas me derraman su belleza y yo la acepto.
Con calma, con alegría.

Estos momentos los viven muchos al mismo tiempo que yo, aunque yo no los vea ni ellos a mí,
Estos momentos los viví con alguien,
Los viviré con otros,
Los viviré en soledad,
Los vivieron muchos antes que yo...
Ese bóveda negra llena de destellos ha estado ahí para hacer sentir sublime a cada ser humano.
Es infinita.
Al igual que yo.

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