lunes, 29 de febrero de 2016

Adultos mayores

Recientemente escribí que, junto con el arte, la mejor cura para el desamor o la tristeza es dar amor a otros.
Desde hace menos de una semana estoy en una crisis emocional por la que nunca había pasado, estoy acostumbrada a la cosas y personas (determinadas) que me lastiman; pero nunca me había sucedido esto.
Por suerte, cuento con personas maravillosas a mi alrededor, que no tardaron ni un minuto en brindarme su apoyo, su ayuda y más importante: su cariño.
Una de estas personas me recordó que siempre es bueno brindar amor al otro. Así que me llevó a un asilo el domingo por la mañana, debo de admitir que fue un día maravilloso. 
Los vi reirse, algunos actuar como mis padres, otros actuar como mis primitas, a otros los vi contando su vida, o jugando lotería. Sentí que estas personas estaban tan contentas con tan poco, estaban tan dispuestas a reír y tenían tantas ganas de ser escuchadas que podría ser un crimen quedarme llorando en cama, mientras estas personas quisieran tener la oportunidad de volver a vivir su juventud y salir a disfrutar la vida.
Y solo me queda decir que la gente que me cuidó (y cuida) estos días tristes, me dio el mejor regalo: poder llevarle amor y alegría a los adultos mayores. 

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