viernes, 26 de febrero de 2016

V sans G

Te perdí.
Pasé momentos creyendo que no llegaría este día infame.
Cuanta era la ilusión.
Creí que mi amor era suficiente o que yo era suficiente.
Obviamente no es así.
En este momento no sé qué es lo que más me duele: el que te me escapes entre los dedos, el que yo te haga mal o el descubrirme a mí misma como mala para amar.

No tengo la menor idea de si pensas regresar o no.
Cuánto deseo que te quedes.
Quisiera que me amarás tal y como soy.
Obviamente no es así.
Quizás también eso me duele: descubrir que mi temor es fundamentado y que no se puede amar a alguien como yo.

Quiero que pare este río de lágrimas.
Que esta sensación horrible en mi pecho y estómago desaparezcan.
Quiero que me laven el cerebro y me borren tu recuerdo, que arranquen la tristeza de una.
Quiero correr, por primera vez en mi vida quiero correr lo más lejos posible, porque mis sueños más infantiles dicen que si me alejo, el dolor y tu recuerdo también se van.

No me dieron las palabras, ni la boca ni la garganta para decirte todo lo que hubiera querido.
No me sirvió tanto la nariz para absorber tu aroma.
No me dio tiempo para decirte todo lo que te amo.
Las lágrimas no me dejaron perderme en las piedras preciosas que tenés por ojos.
Y ni una eternidad me bastaría para que estar en tus brazos fuera suficiente.

De todas las cosas que te pedí, en este momento me doy cuenta que lo único que quiero sos vos.
Como desearía estar enojada con vos, sólo para dejar de llorar y para amarte un poco menos y que este dolor fuera más leve.
Inocentemente, desearía que me hubieras engañado con alguien más, que estuviera en mí la decisión de quedarse, para tenerte conmigo.

Para mí infortunio, no soy perfecta.
Y no sabes todo lo que hubiera querido serlo, para que no me dejases. Para que aún me quisieras como antes.
Me creí perfecta para ti.
Obviamente me equivoqué.

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