Regreso al mar porque me llama constantemente.
Soy una sirena, soy suya.
No bailo con las olas: yo me muevo como ellas,
soy una de ellas.
Llevo ese vaivén dentro de mí, es parte de mi esencia.
Y es que el océano me llama porque le pertenezco:
pertenezco a su naturaleza y bailo con su ritmo,
porque sus altibajos también son como los misterios de la vida.
Esa danza de las olas es la vida misma:
te trae, te lleva, fluye, te golpea;
a veces es suave y cristalina;
otras es fuerte y turbio.
Y aún así, siempre es disfrutable.
El vaivén de las olas es una de las danzas más dulces que he presenciado;
una que siempre busco danzar, una que me contagia el alma.
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| Playa El Tunco, La Libertad, El Salvador. Fotografía del 20 de Julio de 2016. |

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