martes, 26 de julio de 2016

Del mar.

Regreso al mar porque me llama constantemente. 
Soy una sirena, soy suya.
No bailo con las olas: yo me muevo como ellas,
soy una de ellas.
Llevo ese vaivén dentro de mí, es parte de mi esencia. 

Y es que el océano me llama porque le pertenezco:
pertenezco a su naturaleza y bailo con su ritmo,
porque sus altibajos también son como los misterios de la vida. 

Esa danza de las olas es la vida misma:
te trae, te lleva, fluye, te golpea;
a veces es suave y cristalina; 
otras es fuerte y turbio. 
Y aún así, siempre es disfrutable. 

El vaivén de las olas es una de las danzas más dulces que he presenciado;
una que siempre busco danzar, una que me contagia el alma. 

Playa El Tunco, La Libertad, El Salvador.
Fotografía del 20 de Julio de 2016. 




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