lunes, 18 de julio de 2016

Satélite.


Antes, solía dedicarle la luna a una persona. Era una metáfora que quizás nunca entendió: él era mi luna, mi luz en las noches oscuras. 
Podía contemplarlo a él por horas, tal como puedo contemplar a la luna toda la noche. 

En madrugadas como esta, donde las nubes no logran ser lo suficientemente gruesas para opacar sus rayos de luz, la sigo contemplando, como siempre lo he hecho.
Sucede que ahora me la dedico a mí misma: me regalo la luna a mi misma porque soy mi regalo más grande, mi mayor admiradora y aún más importante: soy luz, soy mi propia luz. 

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